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Zaragoza te habla. El Jardín de Pina

abril 14, 2017 - Zaragoza te habla
Zaragoza te habla. El Jardín de Pina

A comienzos del siglo XX la moda de las imágenes editadas como postal, o souvenir de Zaragoza, empezó a incluir en su tradicional catálogo de castizos escenarios, el entorno del Canal Imperial de Aragón en algunas de sus localizaciones más destacadas. Una de ellas, indefectiblemente, era una captura realizada desde el Puente de América (tanto desde el antiguo de piedra, como desde el nuevo, ya modernista), y en ella aparecía a la izquierda la arbolada playa de Torrero, y los edificios del cuartel militar asentado sobre el que fuera puerto de Miraflores. Al fondo, justo donde una pronunciada curva señala el curso del Canal Imperial hacia la derecha, aparece una poderosa estructura edilicia rematada en un rotundo torreón que, como si fuera un imán visual, focaliza la escena y se apodera de ella. Sin embargo, y a diferencia del resto de motivos con los que comparte escena (el Canal, la playa, el cuartel, los almacenes, las barcazas…), este edificio aparece silente, como si no tuviera historia, pero esto, evidentemente, no es así. Está más escondida, también es cierto, y pendiente de ser conocida. Nosotros la comenzamos a finales del siglo XIX, cuando ya figuran en esa ubicación unas “Casas de Salvador”, cuya planta y dimensiones prefiguran lo que luego pasó a denominarse “Casa, o Torre, de Pina”, por el apellido del prócer local Dámaso Pina, impulsor de los importantes y cercanos talleres textiles a los que también dio nombre. A comienzos de los años 20, Julio Requejo, uno de los fotógrafos más prestigiosos de la ciudad, realizó un reportaje centrado, no ya en el enorme edificio, o su torreón, o en la cercana fábrica textil, sino en el denominado “Jardín de Pina”, una auténtica maravilla reservada para disfrute privado en el interior de la casa, compuesta por un precioso conjunto de jardines, estatuas, pérgolas, parterres, un cenador, y una destacable variedad de plantas y árboles con excelentes vistas a los terrenos inferiores, a los huertos de la zona, y al propio Canal, desde donde fluía la acequia del Ontonar.
Así se mantuvieron las cosas, más o menos, hasta la llegada de la también prodigiosa década de los años 70 del pasado siglo, cuando toda la enorme extensión de la casa, con el jardín y los huertos, fueron derribados y aplanados, y sobre su solar fueron levantados doce bloques de viviendas de ocho alturas en una gran manzana compacta y macizada entre las actuales calles del Pintor Marín Bagüés, plaza del Canal Imperial, y Terrazas de Cuéllar. De la Casa de Pina, y de su Jardín, e historias, fuese, y no hubo nada, porque “solas, frágiles, invisibles, nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”. Y nadie habla de este enclave, una vez desaparecido. En este caso, además, no hay ni un mínimo recordatorio en el lugar de los hechos. Esta ciudad tiene estas cosas.

Jardín de Pina 1920

Jardín de Pina c.1920 Imagen, desde cierta altura, de los jardines interiores de la gran torre de Dámaso Pina junto al Canal Imperial, donde la derivación de la acequia del Entonar, y con acceso desde la plaza de las Terrazas. Destaca la más que notable variedad de elementos que componen el original diseño de los jardines. Nada ha perdurado. A la izquierda, traseras de las viviendas recayentes a la calle de Cantarranas. A la derecha, muro a partir del cual se extendían huertos en descenso hasta el cauce de la acequia del Entonar, que luego fluía por el medio de la fábrica textil de Pina, y como riego de los Calerones, y luego de la Balsa, bajaba en paralelo junto al camino de Miraflores. Fuente visual: amable aportación de Federico Infante Pina – GAZA

 

 

Jardín de Pina 1923

Jardín de Pina 1923 – La impresionante casa de Dámaso Pina llamaba la atención en las terrazas de Pina, junto al Canal Imperial, en las alturas del barrio de San José, en una curva que tantas veces aparece en postales, fotografías e imágenes de la época. Mas esa no era la única cosa reseñable de esta notable construcción. Detrás de la fachada y su visual remate en torreón, aguardaba un precioso conjunto de jardines, estatuas, pérgolas, parterres, un cenador, y una destacable variedad de plantas y árboles con buenas vistas a los terrenos inferiores, y al propio Canal, desde donde fluía la acequia del Ontonar. Los importantes desniveles aterrazados, más allá de los muros de la casa, permitían ocho fructíferos huertos de notable tamaño. La imagen recoge la parte del jardín orientada hacia la calle de Cantarranas y, más abajo, la fábrica textil de la misma familia Pina, de la que un pedazo de chimenea destaca por encima de la balaustrada. A la izquierda de estos jardines un año después se instalará el colegio de La Salle Torrero, para hacer competencia a las cercanas y laicas escuelas de Julio Cejador Frauca. Así se mantuvo esto hasta la década de los años 70, cuando toda la superficie de la casa, el jardín y los huertos, fueron aplanados y reconvertidos en los bloques de viviendas que hoy se elevan entre las calles del Pintor Marín Bagüés, la Plaza del Canal Imperial, y las Terrazas de Cuéllar. Fuente visual: AHPZ. Archivo Julio Requejo. 10/06/1923. – GAZA

 

Fábrica de Pina 1927

Fábrica de Pina 1927 – Zaragoza tuvo que esperar hasta bien mediados del XIX para que se iniciara a escala apreciable la fabricación mecánica de tejidos, principalmente de lencería, lonas, y algunas telas de vestir. Mientras que las telas de vestir seguirán siendo importadas al 98%, el “boom” textil fue protagonizado por la fabricación de lonas para alpargatas, para toldos, velamen de embarcaciones, y otros usos, de tal forma que Zaragoza se convirtió en suministrador principal del mercado interior español. Uno de los promotores industriosos más destacados fue Dámaso Pina (padre), que tuvo continuidad familiar con sus hijos, Dámaso Pina (hijo), y aun nietos, Alfredo Sarto Pina, con quienes la fábrica llegó a ser una de las más importantes de España. La factoría principal estaba ubicada en lo que hoy es el Parque-Jardín de la Memoria del Barrio, que la imagen captura desde los feraces campos de labor de la actual calle Melilla. La imagen de conjunto es ciertamente impresionante, y en el interior de las naves se contaba con la maquinaria textil más moderna del momento, como la máquina “rompe-balsa”; la Caja de polvo Grigthon con su abridora y transportador; un Batán atelador; un Batán repasador; Cardas de chaprones; máquinas de estirar y torcer las mechas; máquinas mecheras; máquinas continuas de hilar; máquinas de retorcer; máquina de doblar, de aspeas, de hacer cordones especiales, etc. Había también instalaciones para blanqueo, apresto y teñido de hilados. La lona salía para hacer alpargatas, para toldos de vagones de tren y todo tipo de carruajes, para mangueras, para filtros de azucareras, loneta kaki para uniformes, para calzados, para cinchas de caballerías… En total, unos 50.000 metros cuadrados, y más de 500 personas trabajando en las instalaciones. Fuese, y no hubo nada, ni siquiera la chimenea de la imagen, que se intentó mantener como recuerdo y memoria del Barrio y la ciudad, pero eran años en que la moda de la conservación de chimeneas no estaba muy asentada. Fuente visual: AVV. San José. – GAZA

 

Torre de Pina 1960

Torre de Pina 1960 – Imagen de las traseras de la torre de Pina junto al Canal Imperial, un punto de vista inédito tras decenas de bonitas postales tomadas desde el puente de América. Su poderosa y esquinera torre cuadrangular será faro en esta irrepetible visita. A su izquierda, al fondo, los primeros bloques de viviendas entre la calle Sancho Ramírez y el campo de Torrero. Más cerca, la curva del Canal, y los pronunciados taludes por los que fluye desde la Terraza de Pina la acequia del Antonar-Ontonar. Amoldándose a las curvas de nivel, llegará siseando a la antigua Textil Pina, apenas unas decenas de metros a la derecha, fuera de plano. En el centro de la imagen, la rotunda presencia de las construcciones de la Torre de Dámaso Pina. Árboles y vegetación se corresponden con el fantástico “Jardín de Pina”. Más abajo, feraces huertos aterrazados. A la derecha, vista parcial de la calle de Cantarranas con sus parcelas medianeras, cada una con su correspondiente huerto trasero. Dicen que el nombre era debido a unos batracios que se daban vida en los regatos de la zona y que, llegada la época apropiada, la naturaleza les animaba a “cantar” (croar). La imagen se habría capturado desde la calle Mártires de Jaca, redenominada en 1938 Mártires de Simancas, y en 2009, José Salarrullana. A este lado del Canal, nada queda de todo esto. Fuese, y no hubo nada. “Solas, frágiles, invisibles, nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”. Fuente visual: amable aportación de Federico Infante Pina. – GAZA

 

 

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