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Zaragoza te habla – Los asedios franceses de 1808-09

4 diciembre, 2020 - Zaragoza te habla
Zaragoza te habla – Los asedios franceses de 1808-09

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Los asedios franceses de 1808-09

-Impacto sobre el patrimonio y urbanismo de Zaragoza-

 

Desde las primeras crónicas o relatos de los asedios de Zaragoza en 1808-09, la valoración del estado de la ciudad tras los mismos ha sido prácticamente unánime: Zaragoza quedó destruida por la perfidia y barbarie de los invasores. Sin embargo, habría que pensar en qué otra conclusión podría haber desembocado la decisión de convertir la ciudad en primera línea de campo de batalla, fortificando sus más robustos y mejores edificios de la periferia por donde era evidente que se produciría el asalto francés, y convirtiendo el cinturón conventual en un formidable rompeolas ante el que cayó toda la fuerza del ejército Imperial. Esta impresión de destrucción generalizada ha perdurado en el tiempo, e incluso hoy en día sigue siendo utilizada por la historiografía más retro para justificar la pérdida de patrimonio edilicio, de forma que cuatro meses de terribles destrucciones siempre parecen tapar las destrucciones prolongadas durante dos siglos sin que ninguna bomba extranjera tuviera nada que ver.
La decisión de la dirigencia y elite local de convertir Zaragoza en una ciudad cerrada, acuartelada y asediada, dispuesta a resistir hasta el final bajo el invencible amparo de la Virgen del Pilar, es algo que no deberían dejar de lado quienes utilizan la historia para buscar culpables de los hechos históricos a los que aquí nos referimos, no para explicarlos.
Los dos asedios de la ciudad, el primero de dos meses de duración, entre el 15 de junio y el 13 de agosto de 1808; y el segundo otros dos meses, entre el 21 de diciembre de 1808 y el 21 de febrero de 1809, sin duda resultaron devastadores para la ciudad, especialmente en las zonas que los franceses delimitaron como de avance para lograr la capitulación de Zaragoza, hecho que se produjo el referido 21 de febrero de 1809. De esta forma, el Arrabal por el norte, el barrio de la Magdalena por el este y el frente sur, con zonas de los barrios de Santa Engracia, San Gil y San Pablo, fueron los escenarios más afectados.
Los efectos de estos cuatro meses de bombardeos y combates se centraron fundamentalmente en los conventos militarizados y convertidos en ejes del sistema defensivo: los conventos de Jesús y San Lázaro en el Arrabal; los conventos de San Agustín, Santa Mónica, San José y la Trinidad en el este; los conventos de San Francisco, Santa Catalina y Jerusalén en el centro; y los conventos de Capuchinos, Santa Engracia, Capuchinas, Carmelitas descalzas, y el Carmen. En esta lista hay que incluir también la Universidad de la Magdalena, también militarizada y convertida en punto fuerte de defensa. El bombardeo, por supuesto, trajo además la ruina de numerosas casas y palacios que se encontraban en la línea de fuego de las zonas de batalla, como fue el caso del palacio de la Diputación del Reino, y el gran complejo del Hospital de Gracia en el Coso.
De todo este patrimonio edilicio, hubo casos de destrucción absoluta, y muchos más casos de destrucción parcial. Algunos se perdieron para siempre, otros fueron reconstruidos en las décadas siguientes, y hubo también casos de derribos posteriores o muy posteriores que remataron algunos conventos y palacios nada o parcialmente dañados, como el convento de Santa Engracia, el de las Carmelitas descalzas o el palacio de la Diputación del Reino.
Los efectos de esta destrucción patrimonial sobre el urbanismo de la ciudad se concentraron especialmente en la zona sur-centro desde la puerta de Santa Engracia y hasta la plaza de San Francisco, espacio hasta entonces vertebrado por el callejón del Hospital. Aquí fue donde la administración francesa proyectó el primer ensanche moderno de la ciudad, con la apertura del paseo Imperial, luego denominado Salón de Santa Engracia, y actual paseo de la Independencia, que todavía conforma el eje central más importante de la ciudad. Resulta complicado, que no imposible, imaginar lo que hubiera sido de esta zona si la destrucción de los asedios no hubiera tenido lugar. Digo que esto no es imposible de imaginar, dada la creatividad zaragozana para ensanchar la ciudad en otras zonas que, sin afecciones durante los asedios, también han sido objeto de una mutación bastante radical.

José María Ballestín Miguel

 

 

 

1808 - General Jean Antoine Verdier y su estado mayor, en Torrero, junto al Canal

1808 – General Jean Antoine Verdier y su estado mayor, en Torrero, junto al Canal

 

1808 - Convento de San José incendiado por los franceses

1808 – Convento de San José incendiado por los franceses

 

1809-Segundo asedio

1809-Segundo asedio

 

 

 

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Un pensamiento sobre “Zaragoza te habla – Los asedios franceses de 1808-09

Txame

Buen trabajo. Se nota esfuerzo en la comunicación

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