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Zaragoza te habla – Los años ‘pardos’ (Colegio Alemán de Zaragoza)

9 diciembre, 2021 - Memoria Histórica, Zaragoza te habla
Zaragoza te habla – Los años ‘pardos’ (Colegio Alemán de Zaragoza)

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En el programa de hoy, tercero de esta temporada, me voy a introducir en los años “pardos” de Zaragoza, esa etapa que desde 1933, con el ascenso al poder de Adolf Hitler en Alemania, la ciudad conoció una creciente actividad del nacionalsocialismo, de forma muy especial tras el 18 de julio de 1936 y hasta la completa derrota militar de Alemania en 1945 que afortunadamente extirpó al nazismo, al menos durante unas décadas.
Hace unos años cayó en mis manos una publicación editada en 2006 con motivo del aniversario 50 del Colegio Alemán de Zaragoza. En él se explica que este centro fue inaugurado para dar escolarización a los niños alemanes establecidos en la ciudad cuando aquí llegó en 1917 un contingente de los alemanes del Camerún derrotados en la Gran Guerra. Esto fue así, dice el libro, hasta que “la Segunda Guerra Mundial lo condujo a su cierre”. Por ello, la apertura de un nuevo colegio alemán en 1956 explicaría la fecha de ese aniversario 50 en 2006. Pero, ¿qué sucedió para que la Segunda Guerra Mundial ocasionara su cierre? Este blanco en la memoria reciente del Colegio Alemán de Zaragoza tiene que ver, evidentemente, con que este centro y la colonia alemana residente en la ciudad fueron entre 1933 y 1945 un puntal nazi que resulta muy incómodo de gestionar en la construcción de la memoria reciente de Zaragoza, por lo que este episodio, esta etapa, generalmente suele obviarse, como es el caso. De esta forma, estos años “pardos”, así llamados por el color de la camisa identificativa del régimen nazi, suelen quedarse en blanco, que no es lo mismo que blanqueados.
Vamos a tratar, por ello, de apuntar algunas pinceladas sobre este óleo albino. El colegio alemán surgió con un cometido esencialmente educativo y también social, ya que era un importante escaparate de la Alemania de la época en Zaragoza: al igual que los festejos y actividades impulsadas por la colonia alemana, las fiestas y celebraciones del colegio se publicitaban en los medios como auténticos actos sociales, destacando por ejemplo la decembrina Fiesta del Árbol de Navidad (“Tannem Baum Fest”), bien en el Hotel Universo, bien en el Gran Hotel, o las fiestas de final de curso con excursión a la Quinta Julieta. A partir de 1933, cuando Hitler se convirtió en canciller alemán, el nacionalsocialismo se fue filtrando en todas y cada una de las actividades promovidas por el colegio, en parte por ser dependiente de fondos públicos provenientes de Alemania, en parte por la “natural” adopción de esa ideología como la mayoritaria de la colonia alemana… A modo de ejemplo, el director del colegio era, a la vez, el jefe local del partido nazi…. De esta forma, a las tradicionales celebraciones del curso académico, se fueron sumando otras nuevas de carácter abiertamente ideológico, como el aniversario de la toma del poder por el partido nazi (30 de enero); la celebración de la victoria en el plebiscito del Sarre que en enero de1935 devolvió este enclave a Alemania; la fiesta por el cumpleaños de Hitler (20 de abril); la Fiesta del Trabajo, denominación nazi del 1º de mayo… La primacía de símbolos nazis que aparecen en las fotos de algunas de estas celebraciones son más que evidentes a este respecto, y la implicación del colegio, incluyendo a los niños y niñas, algunos de ellos significados como representantes de las juventudes hitlerianas locales, era o bien directa, o bien como escenario de actividades de un carácter más “adulto”.
Tras el 18 de julio de 1936 la simbiosis de la colonia y el colegio alemán de Zaragoza en el esfuerzo de guerra de quienes se sublevaron contra la democracia republicana, fue total. De esta forma, era habitual su participación e implicación en los actos públicos organizados de reafirmación, homenaje o exaltación del nuevo régimen impuesto en la ciudad por la fuerza de las armas. En estos actos a la presencia alemana se sumó la italiana e incluso la portuguesa, por ser los países que más abiertamente apoyaban a la España nacionalista. Esta comunión se hizo aún más íntima tras la invasión alemana de Polonia que en septiembre de 1939 detonó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y sobre todo tras la invasión de la URSS en 1941, revestida propagandísticamente de “cruzada contra el bolchevismo”, convertida por el régimen en natural prolongación de la “Cruzada” comenzada en España en 1936. Cuando los descomunales desastres militares nazis en el frente ruso revertieron la situación bélica en 1943-44, el fanatismo del director del colegio alemán de Zaragoza le llevó a idear la delirante operación “Tod oder Spanien” (“Muerte o España”), basada en traer a la ciudad a huérfanos alemanes del menguante III Reich para educarlos en el nacionalsocialismo y posibilitar así un nuevo IV Reich… parece ser que tenían incluso preparado un hotelito del paseo de Ruiseñores para albergar a ese colegio, aunque al final todo quedó afortunadamente en agua de borrajas… Lo que sí hicieron y muy bien, tras la derrota alemana en mayo de 1945, fue acoger a algunos nazis a la carrera huidos de centroeuropa, a los que recolocaron en empresas de Zaragoza donde tenían influencia, como la Tudor y el Tinte de los Alemanes.
No sorprende, por todo esto, que el Colegio Alemán que nuevamente abrió sus puertas en Zaragoza en 1956 huya como gato escaldado de una etapa histórica tan catastrófica como la que protagonizaron los nazis en Alemania, y que replicó su sucursal en Zaragoza entre 1933 y 1945, tras la cual el colegio desapareció por más de una década… Aunque algo podría decirse al respecto, siquiera para que quien no vivió aquello pueda comprender lo sucedido.
Terminamos. Por supuesto que nada de lo aquí referido pretende cuestionar al actual Colegio Alemán de Zaragoza por aproximarnos a esta tenebrosa segunda parte de su historia. Nada más lejos de mis intenciones. Soy de la opinión de que iluminar el conocimiento del pasado, por más tremendo que este sea, siempre nos puede ayudar a comprender mejor de dónde venimos y, entre otras cosas, adónde no queremos volver de ninguna de las maneras. A esto algunos lo descalifican como “remover el pasado” como si éste fuera una gran cubeta de mierda que es mejor no tocar. De ser así, que no lo comparto, lo sano es tratar de entender de dónde ha salido toda esa porquería, qué la ha producido, para que la cosa no se repita en el futuro.
Un cordial saludo, y hasta la próxima ocasión.

-José María Ballestín Miguel-

 


CARTEL ZTH-Años pardos-cuadro

 

 

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