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Ventajas de viajar en cine – Primeras escenas

23 diciembre, 2021 - Cine
Ventajas de viajar en cine – Primeras escenas

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Hola excursionistas, soy José Luis Arribas y éste es el súper sonido de ‘Ventajas de viajar en cine’, desde ‘Siéntelo con oído’. Procuren todos su billete de ida, acomódense en su butaca y durante este tiempo háganme el favor de parar sus relojes. El viaje comienza. Hoy: ‘Primeras escenas‘.

 


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Los principios de las historias, los comienzos de las grandes aventuras, las antesalas de las comedias más divertidas y los primeros momentos de los dramas más profundos. Es el pistoletazo de salida, cuya misión es enganchar, atrapar, y atraer la atención del que se adentra en la nueva odisea ensoñada por otros antes que él, y creada para su viaje interior. En los libros recorre las primeras líneas del primer capítulo y muchas de ellas se enmarcan en un salón de la fama popular, reconocible la obra a la que representan, en el momento que alguien las pronuncia. En el cine, como en un cuadro impresionista, impactan las primeras escenas, con el mismo cometido, ayudándose de todos los elementos que permite este arte, con diálogos de guion, escenografía y acciones, a modo de líneas de párrafo e introducción a otro imaginario que nos haga volar durante las horas que permanezcamos inmersos, sea en nuestros salones o en el interior de un cine, rodeados de desconocidos compañeros o a solas, cualidades y aspectos significativos sólo hasta cierto punto, a partir del cual nos mimetizamos con la historia y dejamos de ser nosotros mismos.

Escuchamos “anoche soñé que volvía a Manderley” y el maestro del suspense Alfred Hitchcock, en su obra ‘Rebeca’, solamente ha necesitado de una de las mejores frases iniciales de película que existen, para atraparnos en su magia y que continuemos dentro, cada vez más, de la historia que nos está presentando, mientras la cámara nos acompaña a través de la puerta que da entrada a una vivienda, escenario donde viviremos los próximos acontecimientos; y este ejemplo es el ideal que da paso a los demás, ya que queda bien definida la esencia y propósito de nuestro escrito: frases y escenas de apertura que obligan al espectador, cómplice de la trama, a no apartar la mirada y lanzarse con curiosidad y pasión en las profundidades de la obra cinematográfica. Y de un genio pasamos a otro, y a otra clase de abismo: el del interior del mar, del que surge el gran enemigo. En ‘Tiburón’ de Steven Spielberg, una inocente bañista, al abrigo de la noche, nos adentra en el fatal descubrimiento de ese gigante antagonista de temidas mandíbulas. Seguimos con otra obra del Rey Midas, engrosando este título además en la lista de las mejores sobre guerra. En ‘Salvar al soldado Ryan’, asistimos a una de las secuencias más impactantes y angustiosas que dan comienzo a un filme. Sentimos el padecimiento de aquellos soldados estadounidenses que desembarcaron en las costas de Normandía, su terror, su espera agobiante y el cruel fuego enemigo que desencadena una masacre.

Con angustia y temor, del que hace todo lo posible por no emitir sonido alguno, agazapado en un escondite, así sentimos en nuestro interior la tensión del grupo de judíos que se esconde en el sótano del hombre que los oculta del enemigo, del infame nazi Hans Landa en ‘Malditos bastardos’ de Quentin Tarantino. Hablemos de otra apertura de historia que también toca el nazismo pero hagamos una mezcla con la mejor de las comedias. Efectivamente, esto es posible. En ‘Ser o no ser’ de Ernst Lubitsch, el actor de una compañía de teatro, que en esos momentos representa ‘Hamlet’ en Varsovia, decide salir a la calle a verificar su parecido con el führer, ya que su próximo montaje versará sobre esa Alemania; y si su protagonista decide pasear caracterizado de su personaje, la reacción en los viandantes es difícil de olvidar. Hace unas cuantas palabras, el príncipe de Dinamarca, ‘Hamlet’, llegó a nuestros oídos. Si convertimos de cierta forma su argumento en algo salvaje y animal, y además utilizando la técnica de la animación, obtendremos otro inicio impactante, grabado en la mente de aficionados o no a la factoría Disney. En ‘El rey León’ de Rob Minkoff y Roger Allers, la fantástica canción que abre la película, nos invita a acompañar al legítimo dueño del trono real, Simba, desde el destierro hasta su regreso para reclamar el lugar que le corresponde, reinando sobre toda la sabana africana.

La música es un gran recurso para esos primeros minutos decisivos, como en ‘Sonrisas y lágrimas’ de Robert Wise y en ‘La La Land: La ciudad de las estrellas’ de Damien Chazelle, aunque en estos casos no puede ser de otra forma, ya que nos movemos en el género musical y en dos de sus grandes títulos, ambos separados por más de cincuenta años, representantes de dos etapas muy diferentes. Es imposible olvidar otros principios cinematográficos, como los que se envuelven de la grandeza del universo, como en ‘2001: Una odisea en el espacio’ de Stanley kubrick, con su alineación perfecta de la Luna, la Tierra y el Sol; o como los que dejan en el aire un interrogante que permanecerá siempre presente, como en ‘Ciudadano Kane’ de Orson Welles, con la muerte del magnate, Kane, y su última palabra pronunciada, “Rosebud”. Existen muchas primeras escenas, objetivamente hablando, que completarían perfectamente a las ya mencionadas; pero el cine también es subjetividad y cada película mueve los engranajes necesarios, que conectan directamente con los sentimientos y pensamientos de cada uno de nosotros, quedando atrapados en una red de la que es difícil escapar, de la que no queremos escapar.

 

 

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