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Rafael Alberti – Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos.

10 marzo, 2022 - Poesía
Rafael Alberti – Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos.

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YO ERA UN TONTO Y LO QUE HE VISTO ME HA HECHO DOS TONTOS
Rafael Alberti (1902-1999)

El año de 1929, el del famoso crack de la bolsa neoyorquina que tan severas y dramáticas consecuencias va a tener para los EEUU, Europa y el resto del mundo, fue para Rafael Alberti decisivo en su trayectoria literaria y personal. El joven poeta, dejadas atrás sus iniciales inquietudes pictóricas, había iniciado su trayectoria poética en 1925 con Marinero en tierra, obra que obtuvo un inmediato reconocimiento y que, sin duda, lo afirmó definitivamente en el camino de la poesía. Con ese librito, Alberti comienza un ciclo poético, de estilo neopopularista, que desarrollará en los años posteriores. A la altura de 1927, se aprecia ya un cierto cansancio de la fórmula: su obra de ese año, El alba del alhelí, ya presenta, de un lado, una cierto alejamiento de la sencillez esquemática de sus libros anteriores, y de otro, la aparición de tonos sombríos e incluso dramáticos, ausentes hasta entonces de sus versos. Un poema como “El tonto de Rafael”, perteneciente a ese libro, no deja de apuntar a un replanteamiento de su trayectoria. A partir de ahí, de hecho, se desata en Alberti una profunda crisis personal que encontrará su mejor manifestación en las tres obras que verán la luz en ese mencionado 1929: Sobre los ángeles, estremecedor testimonio de su desolación personal ante la pérdida del paraíso protector de la inocencia así como constatación del dolor absurdo del vivir; Cal y canto, que incide en esa línea de desasosiego y desvalimiento; y Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, la obra que aquí presentamos.
Interesaba hacer ese preliminar, para comprender bien el contexto en el que Alberti escribe este delicioso homenaje a los héroes del cine mudo. En ellos ve nuestro poeta el maravilloso revelador que evidencia el implacable mecanismo social que atrapa al individuo y lo deshumaniza, lo convierte en pieza de un inmenso engranaje. Pero, al mismo tiempo, estos héroes estrafalarios señalan el último reducto de resistencia y rebeldía ante esta demoledora mecánica, herederos ellos del genial Bartleby que, ante los apremios y exigencias del gran capitalismo, aún murmuran: “Preferíría no hacerlo”.


cartel ALBERTI-cuadro

 

 

CRÉDITOS: (Poema/voz/música)

1. Presentación/Fernando Alcaine/Steve Reich (Electric Counterpoint)
2. Prólogo/Mingo España/Steve Reich (Nagoya Marimba)
3. Cita triste de Charlot/Mingo España/ Steve Reich (Nagoya Marimba)
4. Buster Keaton/Elena Parra/Steve Reich (Pendulum music)
5. Harold Lloyd/Ica Ventura/Steve Reich (Music for 18 musicians)
6. Charles Bower/Mingo España/ Steve Reich (Music for 18 musicians)
7. Stand Laurel y Oliver Hardy/Manuel Alcaine/ Steve Reich (Music for 18 musicians)
8. Wallace Beery/Lola Orti/Terry Riley (In C)
9. Larry Semon/Mingo España/ Terry Riley (In C)
10. Epílogo/Lola Orti/ Terry Riley (In the Summer)

 

 

 

PRÓLOGO

(El alba del alhelí, 1927)

 

Por las calles, ¿quién aquél?

¡El tonto de Rafael!
Tonto llovido del cielo,
del limbo, sin un ochavo.
Mal pollito colipavo,
sin plumas, digo, sin pelo.
¡Pío-pic!, pica, y al vuelo
todos le pican a él.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tan campante, sin carrera,
no imperial, sí tomatero,
grillo tomatero, pero
sin tomate en la grillera.
Canario de la fresquera,
no de alcoba o mirabel.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tontaina tonto del higo,
rodando por las esquinas
bolas, bolindres, pamplinas
y pimientos que no digo.
Mas nunca falta un amigo
que le mendigue un clavel.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Patos con gafas, en fila,
lo raptarán tontamente
en la berlina inconsciente
de San Jinojito el lila.
¿Qué runrún, qué retahíla
sube el cretino eco fiel?
¡Oh, oh, pero si es aquél
el tonto de Rafael!

 

Cita triste de Charlot

 

Mi corbata, mis guantes,
Mis guantes, mi corbata.
La mariposa ignora la muerte de los sastres
la derrota del mar por los escaparates.
Mi edad, señores, 900.000 años. ¡Oh!
Era yo un niño cuando los peces no nadaban,
cuando las ocas no decían misa
ni el caracol embestía al gato.
Juguemos al ratón y al gato, señorita.
Lo más triste, caballero, un reloj:
las 11, las 12, la 1, las 2.
A las tres en punto morirá un transeúnte.
Tú, luna, no te asustes;
tú, luna, de los taxis retrasados,
luna de hollín de los bomberos.
La ciudad está ardiendo por el cielo,
un traje igual al mío se hastía por el campo.
Mi edad, de pronto, 25 años.
Es que nieva, que nieva,
y mi cuerpo se vuelve choza de madera.
Yo te invito al descanso, viento.
Muy tarde es ya para cenar estrellas.
Pero podemos bailar, árbol perdido
Un vals para los lobos,
para el sueño una gallina sin las uñas del zorro.
Se me ha extraviado el bastón.
Es muy triste pensarlo solo por el mundo.
¡Mi bastón!
Mi sombrero, mis puños,
mis guantes, mis zapatos.
El hueso que más duelo, amor mío, no es el reloj:
las 11, las 12, la 1, las 2.
Las 3 en punto.
En la farmacia se evapora un cadáver desnudo.

 

Buster Keaton busca por el bosque a su novia que es una verdadera vaca

 

1, 2, 3 y 4.
En estas cuatro huellas no caben mis zapatos.
Si en estas cuatro huellas no caben mis zapatos,
¿de quién son estas cuatro huellas?
¿De un tiburón,
de un elefante recién nacido o de un pato?
¿De una pulga o de una codorniz?

(Pi, pi, pi.)

¡Georginaaaaaaaaaaaaa!
¿Dónde estás?
¡Que no te oigo, Georgina!
¿Qué pensarán de mí los bigotes de tu papá?

(Paapááááááá.)
¡Georginaaaaaaaaaa!
¿Estás o no estás?
Abeto, ¿dónde está?
Aliso, ¿dónde está?
Pinsapo, ¿dónde está?
¿Georgina pasó por aquí?
(Pi, pi, pi, pi.)

Ha pasado a la una comiendo yerbas.
Cucú,
el cuervo la iba engañando con una flor de reseda.
Cuacuá,
la lechuza, con una rata muerta.

¡Señores, perdonadme, pero me urge llorar!
(Guá, guá, guá)

¡Georgina!
Ahora que te faltaba un solo cuerno
para doctorarte en la verdaderamente útil carrera de ciclista
y adquirir una gorra de cartero.

(Cri, cri, cri, cri.)

Hasta los grillos se apiadan de mí
y me acompaña en mi dolor la garrapata.
Compadécete del smoking que te busca y te llora entre aguaceros
y del sombrero hongo que tiernamente
te presiente de mata en mata.
¡Georginaaaaaaaaaaaaaaa!

(Maaaaaaa).

¿Eres una dulce niña o eres una verdadera vaca?

Mi corazón siempre me dijo que eras una verdadera vaca.
Tu papá, que eras una dulce niña.
Mi corazón, que eras una verdadera vaca.
Una dulce niña.
Una verdadera vaca.
Una niña.
Una vaca.
¿Una niña o una vaca?
O ¿una niña y una vaca?
Yo nunca supe nada.
Adiós, Georgina.
(¡Pum!)

 

Harold Lloyd, estudiante

 

¿Tiene usted el paraguas?
Avez-vous le parapluie?

No, señor, no tengo el paraguas.
Non, Monsieur, je n´ai pas le parapluie.

Oui.
Yes.
Sí.
Que, cual, quien, cuyo.
Si la lagarta es amiga mía,
Evidentemente el escarabajo es amigo tuyo.
¿Fuiste tú la que tuvo culpa de la lluvia?
Tú no tuviste nunca culpa de la lluvia.
Alicia, Alicia, yo fui,
Yo que estudio por ti,
Y por esta mosca inconsciente, ruiseñor de mis gafas en flor.

29, 28, 27, 26, 25, 24, 23, 22,
2πr, πr2.

Y se convirtió en mulo Nabuconodosor,
Y tu alma y la mía, en un ave real del Paraíso.

Y los peces no cantan en el Nilo,
Ni la luna se pone para las dalias del Ganges.

Alicia,
¿por qué me amas con ese aire tan triste de cocodrilo
Y esa pena profunda de ecuación de segundo grado?

Le printemps pleut sur Les Anges.

La primavera llueve sobre Los Angeles,
En esa triste hora en que la policía
Ignora el suicidio de los triángulos isósceles
Más la melancolía de un logaritmo neperiano
Y el unibusquisbuque facial.

En esa triste hora en que la luna viene a ser casi igual
A la desgracia integral
De este amor mío multiplicado por X
Y a las alas de la tarde que se dobla sobre una flor de acetileno
O una golondrina de gas.

De este puro amor mío tan delicadamente idiota,
Capaz de hacer llorar a la cuadratura del círculo
Y obligar a ese tonto de D. Nequaqua Schmtit a subastar públicamente esas estrellas propiedad de los ríos
Y esos ojos azules que me abren los rascacielos.

¡Alicia, Alicia, amor mío!
¡Alicia, Alicia, cabra mía!

Sígueme por el aire en bicicleta,
Aunque la policía no sepa astronomía,
La policía secreta.

Aunque la policía ignore que un soneto
Consta de dos cuartetos
Y dos tercetos.

 

Charles Bower, estudiante

 

La defunción ante mi chaleco de los más poéticos bosques y la dispersión en bandada de los bellísimos crepúsculos, más la delicadísima luna y los tristísimos ruiseñores.
¿Por qué este muerto escoge para inclinarse la izquierda y este otro escoge la derecha?
Pero a ti te calificaremos de encina.
Mas tú careces de apellido.
Y este quisiera llamarse Carlos,
Pero difunto ciprés.
¿Suspira usted por el trébol de cuatro hojas y los airecillos balsámicos?
Madame,
Voici, la poèsie:
Serrín.
Daría por resultado la más hermosa fábrica de palillos de dientes.
Odette,
Mañana me caso.
Ralladuras muelas cocodrilo
Y ojitos verdes ocas electrocutadas;
Saliva policía rabioso
Mas consejo ingerir reloj
Y vomitar anillo
Poca importancia agua.
Un kilo tiene diez metros.
Un metro vale veinte litros.
Resuelto totalmente el problema que acongoja a los ultramarinos.
Huevos irrompibles.
El polo negativo no puede ser ni mucho menos igual que el positivo
Para la creación de un fantasma.
De la urgente necesidad de asustar a los niños
Y del deber que tiene un ingeniero de espantar a todo trance las hadas.
Aisladores,
Latones viejos y muelles rotos de las camas.
Y tantísimos otros quebradores científicos, Odette mía,
Para morir airadamente y a mos de una sardina.
Mecánica.
Amor.
Poesía.
¡Oh!

CHARLES BOWER
Difunto inventor

 

STAN LAUREL Y OLIVER HARDY ROMPEN SIN GANAS 75 Ó 76 AUTOMÓVILES Y LUEGO AFIRMAN QUE DE TODO TUVO LA CULPA UNA CÁSCARA DE PLÁTANO

 

Me sorprende que la ley seca haya decretado el arrendamiento por hora de casi todos los
guardias
porque yo quisiera saber quién inventó ese orgullo que le entra al chocolate cuando se acuerda
de la harina lacteada
Y es que a mí me preocupa mucho el silencio y la astronomía
y la velocidad de un caballo parado
y la inmovilidad de los trenes expresos que predicen la futura muerte de los tranvías
mas es que tú viniste al mundo con un sombrero muy preocupado
sííííííí
yo me acuerdo regularmente de mi abuelita materna
cuando un cuervo destruía las torres
y tú de desayuno te comías 144 clavos + 18 tachuelas
y es que a ti te jubilaron de chófer porque ignorabas todas las ciudades de la izquierda
me parece que voy a tener que llorar
me parece que yo voy a tener que llorar porque esta madrugada una farola de gas
asesinó mi bicicleta
NOS PARECE QUE VAMOS A TENER QUE LLORAR
y mi alma científicamente preocupada sabe que la elaboración del cacao a vapor adelanta muy
poco con llorar
porque yo suelo llorar casi siempre 12 ó 13 veces al día
y ahora resulta que se me han pasado las ganas de merendar
me parece que se nos han pasado las ganas de merendar
de llorar
de merendar
de llorar y merendar
o de merendar y llorar
NOS PARECE QUE YA NO VAMOS A TENER NUNCA GANAS DE LLORAR NI DE MERENDAR
y es que yo quisiera morirme porque estoy muy enamorado
y es que yo me enternezco muchísimo cuando veo un policía vestido de pajarito blanco
yo estoy muy enamorado y tú te enterneces muchísimo cuando ves un policía vestido de pajarito
blanco
y es que padeces el gravísimo error de confundir
la comisaría con una frutería cuando yo me quiero morir
dime tú seriamente si yo me quiero morir.

 

Wallace Beery, bombero, es destituido de su cargo por no dar con la debida urgencia la voz de alarma

 

Me parece que estoy pensando que no existe en el mundo nada tan melancólico
como el escasísimo atractivo que ofrece un par de botas
para el monstruo que tiene que tragarse de un golpe el timbre del teléfono.
Se me han carbonizado las orejas.
Y lo que yo digo es que estoy seguro
de que los pequeñísimos botones de mi gorra me llaman moribundos
entre los escombros del piso séptimo.
Debiendo hacer calor,
hace frío.
Es que creo que la manta de mi cama calienta el ascensor.
¡Y toda esta catástrofe por tu culpa, amor mío!
Yo no falto a la autoridad si confieso
que mi uniforme no se halla en el lugar del siniestro.
No, no.
Y lo que yo digo es que y que no.
Mi verdadera vida se halla expuesta
en la mesilla de noche.
Y esto, amor mío, es un peligro que nunca tuvo respuesta.
No, no.
Que lo que yo diría es que sí y que no.
Y esto, amor mío, lo sabéis tú y el agua mejor que yo.
¡Agua, agua, bomberos!
¿Qué van a pensar de mí los periódicos de la mañana?
¿Qué, qué, qué, cómo?
Repítalo.
¡Ah, sí!
¡¡¡Fuego!!!

 

Larry Semon explica a Stan Laurel y Oliver Hardy el telegrama que Harry Langdon dirigió a Ben Turpin

 

Angelito constipado cielo.
Pienso a las moscas horrorizado
y en dolor tiernas orejitas alondras campos.
Cielo constipado angelito.
Nunca supe nada sepelio niños
y sí pura ascensión cuellos pajaritas.
Angelito cielo constipado.
Preguntad por mí a saliva desconsolada suelo
y a triste y solitaria colilla.
También yo he muerto
Larry Semon.

 

EPÍLOGO
(Cal y canto, 1929)

 

¡Ah, Miss X, Miss X: 20 años!
Blusas en las ventanas,
los peluqueros
lloran sin tu melena
—fuego rubio cortado—.
¡Ah, Miss X, Miss X sin sombrero,
alba sin colorete,
sola,
tan libre,
tú,
en el viento!
No llevabas pendientes.
Las modistas, de blanco, en los balcones,
perdidas por el cielo.
—¡A ver!
¡Al fin!
¿Qué?
¡No!
Sólo era un pájaro,
no tú,
Miss X niña.
El barman, ¡oh, qué triste!
(Cerveza.
Limonada.
Whisky.
Cocktail de ginebra.)
Ha pintado de negro las botellas.
Y las banderas,
alegrías del bar,
de negro, a media asta.
¡Y el cielo sin girar tu radiograma!
Treinta barcos,
cuarenta hidroaviones
y un velero cargado de naranjas,
gritando por el mar y por las nubes.
Nada.

¡Ah, Miss X! ¿Adónde?
S. M. el Rey de tu país no come.
No duerme el Rey.
Fuma.
Se muere por la costa en automóvil.
Ministerios,
Bancos del oro,
Consulados,
Casinos,
Tiendas,
Parques,
cerrados.
Y, mientras, tú, en el viento
—¿te aprietan los zapatos?—,
Miss X, de los mares
—di, ¿te lastima el aire?—.
¡Ah, Miss X, Miss X, qué fastidio!
Bostezo.
Adiós…
Good bye…
(Ya nadie piensa en ti. Las mariposas
de acero,
con las alas tronchadas,
incendiando los aires,
fijas sobre las dalias
movibles de los vientos.
Sol electrocutado.
Luna carbonizada.
Temor al oso blanco del invierno.
Veda.
Prohibida la caza
marítima, celeste,
por orden del Gobierno.
Ya nadie piensa en ti, Miss X niña.)

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