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Nada más que libros – La Enciclopedia

28 diciembre, 2023 - Literatura
Nada más que libros – La Enciclopedia

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“La obra que iniciamos (y que deseamos concluir) tiene dos propósitos: como “Enciclopedia” debe exponer en lo posible el orden y la correlación de los conocimientos humanos; como “Diccionario razonado de las ciencias, de las artes y de los oficios, debe contener sobre cada ciencia y sobre cada arte, ya sea liberal, ya mecánica, los principios generales en que se basa y los detalles más esenciales que constituyen el cuerpo y la sustancia de la misma. Estos dos puntos de vista, de “Enciclopedia” y de “Diccionario razonado, determinarán, pues, el plan y la división de nuestro discurso preliminar..”

Fragmento del Discurso Preliminar de la Enciclopedia. Jean Le Rond D ´Alembert.

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La expresión <<Ilustración>> o <<Siglo de las luces>> define el movimiento cultural que domina en la Europa del siglo XVIII. No obstante y aunque se centra especialmente entre 1715 con la muerte de Luis XIV y 1789, año de la Revolución Francesa, puede ser dividido, en lo que a su ámbito francés se refiere, en dos grandes periodos: de 1715 a 1750, año de la aparición de la “Enciclopedia”, y de 1751 a 1789. La estabilidad de Francia hasta entonces, resultado de la adhesión a la monarquía, a la religión católica y al clasicismo, es característica general del siglo XVII, por el contrario, el siglo XVIII se definirá esencialmente como una época de movimiento que instaura un orden nuevo, frente a un sistema político y social secular y trasnochado. La “Enciclopedia” contribuyó de manera esencial al desarrollo de las ideas que propiciaron, de forma casi definitiva, un cambio en la manera de pensar, de actuar y de relacionarse de las gentes de casi toda Europa.

El librero Le Breton concibió en 1745 la idea de traducir la “Enciclopedia de las Ciencias y de las Artes” de Ephraïm Chambers, aparecida en Londres en 1728; para ello, en 1746 confió la empresa a Diderot y D´Alembert. Fue en noviembre de 1750 cuando 8.000 ejemplares de un prospecto que exponía el objeto del Diccionario, anunciaba a Europa el nacimiento de <<La Grande Oeuvre de l´Esprit Nouveau>>. En 1778 se cierra el último proceso legal llevado a cabo por Lunaeu de Boisgermain y un grupo de suscriptores contra los editores del libro. Entre estas dos fechas, la “Enciclopedia” no ha dejado de ocupar un lugar privilegiado en la escena cultural europea.

Lejos de ser una obra literaria meditada, una construcción sistemática, la obra se erige en una gran tribuna libre donde las más diversas, y a veces encontradas, tendencias religiosas, políticas, económicas y sociales son expuestas. Se trata de combatir los prejuicios, haciendo triunfar la razón, y de poner al alcance del gran público, gracias a un enorme esfuerzo de vulgarización, todas las ramas del saber. En materia de religión, los enciclopedistas atacaron duramente la intolerancia y el fanatismo; rechazaron los dogmas y los milagros y estudiaron los textos sagrados como literatos, como filósofos y como historiadores del espíritu humano. Deístas en su mayoría, y en algunos casos próximos al ateísmo, profesan la religión natural; creen en la bondad innata del ser humano y justifican las pasiones como impulsos legítimos del alma. Para los enciclopedistas, la moral consiste en tomar conciencia de nuestra naturaleza para establecer la felicidad individual y social sobre las necesidades humanas y la razón.

En política, la “Enciclopedia” condena el despotismo y los regímenes fundados sobre la violencia, a los que opone los regímenes asentados en el consentimiento popular, cuyo fin es asegurar el bienestar general de la nación. Denuncia igualmente el derecho divino, los privilegios y la desigualdad en el reparto de las cargas fiscales. Y por fin, en cuestiones de índole social, la “Enciclopedia” se suma a la acción humanitaria de los filósofos. Crítica una vez más la intolerancia y condena la esclavitud en nombre del derecho natural y de la dignidad humana. Además ataca asimismo la tortura y el interrogatorio, admitiendo sólo la pena máxima como prevención de nuevos delitos, y nunca como castigo de la culpa.

A pesar de la enorme variedad de disciplinas, de teorías y de estilos la “Enciclopedia” o “Diccionario razonado de las Ciencias, de las Artes y de los Oficios”, ofrece una unidad indiscutible gracias al talante profundamente liberal del espíritu que la inspira. Combatiendo el dogmatismo, la escolástica y la intolerancia, los enciclopedistas han hecho, en efecto, una obra a su imagen y semejanza, dominada por el espíritu de diálogo que es, en definitiva, la forma superior del espíritu de conversación presente en los salones, clubes y cafés que frecuentaban. Otro signo de la unidad de este <<monstruo>>, como lo definió Diderot, es la técnica que usaron todos los colaboradores de la obra, es decir: la remisión de un artículo a otro. Unidad patente que viene a su vez reforzada por el hecho de que todos los enciclopedistas eran filósofos inspirados por la idea del progreso; como dijo Diderot: <<hombres ligados por el interés general de la humanidad y por un sentimiento de altruismo recíproco>>.

Como colaboradores de esta gran empresa, cabe citar a Jaucourt, mano derecha de Diderot; a Voltaire, que cedió algunos artículos como “Elegancia”, “Elocuencia”, “Espíritu” o “Imaginación”; a Montesquieu, que redactó el artículo “Gusto”; a Rousseau por sus aportaciones sobre la música; a Daubenton para la historia natural; a Marmontel para la literatura; a D´Holbach para la geografía física; al abate Morellet para la teología; y a Quesnay y Turgot para la economía política, sin olvidar los muchos filósofos que, sin tomar parte directa en la redacción de la obra, cooperaron con ellos, como por ejemplo Condillac, Helvétius, Grimm, etc.

Se puede, por tanto, afirmar que, orientando a los escritores hacia preocupaciones filosóficas y sociales más que artísticas, y proclamando un nuevo ideal de humanismo, la “Enciclopedia” contribuyó a la transformación del espíritu general de Francia y de buena parte de Europa. Las nuevas ideas de la Ilustración, que empezaban a imperar en los países europeos, a la larga, también se abrieron paso en España, a pesar de la censura y la Inquisición. Aunque, para los españoles, paradójicamente, la Revolución Francesa resultó nefasta, ya que asustó a nuestras clases más ilustradas al ver el destino que corrieron los nobles en Francia y los tumultos populares creados. Luego, con la invasión francesa y la Guerra de la Independencia, no faltaron personas proclives a la Ilustración, como Jovellanos, que vivieron un tanto atormentadas y desgarradas entre estos sentimientos ilustrados y un fuerte sentimiento patriótico.

No faltaron, pues, este tipo de tragedias y el proceso de Ilustración que lentamente se había emprendido en España, sufrió un estancamiento que duró siglos.

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