Menu

Nada más que música – Cantautores I

7 febrero, 2020 - Música
Nada más que música – Cantautores I

Un cantautor es, básicamente, un artista que compone y canta sus propias canciones. Bueno pues, en la década de los 70 se puso de moda esta figura y surgieron, tanto en España como en el resto del mundo, numerosos artistas que, con mayor o menor fortuna, ejercían su labor de trovadores modernos. Generalmente, la temática de sus canciones era social y reivindicativa, con tintes políticos y partidistas. Realmente se convirtieron en la voz que clama en el desierto, porque sus logros nunca fueron inmediatos, pero tuvieron el mérito de la concienciación y el posicionamiento de numerosos jóvenes que veían en ellos unos nuevos líderes, unas figuras que, armadas hasta los dientes con sus guitarras, disparaban a quien quisiera oírles verdades como puños.

He querido hacer un repaso de esa época y de ese estilo confeccionando una lista totalmente subjetiva, esto es, que está compuesta por todos aquellos artistas que me gustan a mí. Consecuentemente, y en función de la lista de cada uno, faltarán o sobrarán algunos, pero… así es la vida.

 


 

El orden de esta selección es aleatorio, no hay ranking. Así que, empezamos… Patxi Andión.
Este autor, fallecido recientemente, nos dejó un buen número de canciones que, a mi entender, no fueron suficientemente reconocidas en su momento, bueno y ahora tampoco.
Esta canción, A donde el agua, está incluida en un disco del mismo nombre que fue publicado en 1973, en momento más álgido de su carrera. Aunque siguió publicando con cierta asiduidad, a partir de 1979, fue adquiriendo un estilo cada vez más hondo y personal, lo que le alejó poco a poco de los circuitos comerciales de la música e hizo que se centrara en la interpretación, sin que esta actividad dejara una huella profunda en el séptimo arte.
A pesar de todo, sus canciones siguen teniendo una calidad digna de mayor atención.
La tarde – Poema de un día con Antonio Machado

Luis Eduardo Aute Gutiérrez, nació en Manila en 1943 pero se trasladó a España, junto con su familia, cuando tenía 11 años. Aunque es principalmente conocido como cantautor, también cultiva con éxito otras artes como la pintura, el cine, la escultura, el verso y la prosa. Un hombre del renacimiento en toda regla.
Aute ha sabido llegar a la sensibilidad de un público heterogéneo y su éxito se debe a la calidad de sus letras, de su proximidad, de que, todo lo que dice, te podía pasar a ti o que todo lo que siente, podrías hacerlo tú.
En fin, para mi gusto, un gran artista.
Slowly’
“Aute Retrato” es uno de los documentales españoles más importantes del pasado año. Estrenado hace pocos meses, está siendo una de las cintas con mayor permanencia y recaudación, teniendo en cuenta la habitual dificultad de los documentales para mantenerse en la cartelera. Además, se trata de un proyecto de producción aragonesa, avalado por, entre otros, el Gobierno de Aragón o Aragón TV.
El documental trata la vida de nuestro invitado Luis Eduardo Aute. A lo largo la obra, podemos ver toda la trayectoria del artista, que abarca varias de sus disciplinas: pintura, poesía o la música. Además, durante el documental aparecen varios de sus amigos y personalidades españolas bastante conocidas, como Jorge Drexler, Pedro Guerra, Rosa León o Víctor Manuel. El documental está dirigido por Gaizka Urresti, un artista muy vinculado a Aragón, y está escrito por Nacho Cabana, Juan Moya y el propio Urresti. Aute también participó en la realización. Muy recomendable.
Una de dos’

La mallorquina María del Mar Bonet aterrizó por Barcelona en 1967 en donde empezó a cantar con Los Dieciséis Jueces, un emblemático grupo de cantantes catalanes que pusieron las bases de lo que más tarde sería el movimiento de la Nova Cançó.
Entre sus primeros éxitos destacaremos la canción ¿Què volen aquesta gent?, su creación más contestataria. ¿Qué quiere esta gente que llama en mi casa a mitad de la noche? Como la vida misma.’
María del Mar Bonet compuso algunas de sus canciones, pero su mayor obra se centra en musicar versos de otros poetas.
En 1974 puso música a poemas de Bartomeu Rosselló-Pòrcel y Joan Alcover, canciones recogidas en su tercer disco, en el que cuenta con una estrecha colaboración del cantautor madrileño Hilario Camacho y que fue editado con una portada realizada ex profeso por Joan Miró.
Desde 1988 actúa periódicamente con el pianista Manel Camp, reinterpretando en clave de jazz canciones propias y de otros autores (George Gershwin, por ejemplo), trabajos que han sido recogidos en grabaciones publicadas entre 1989 y 2011. En 1993 dedicó un álbum a la obra de Mikis Theodorakis con letras adaptadas al catalán.
Ahora la escucharemos cantar la Jota Marinera y prestad atención porque, con su maestría habitual, la bandurria está a cargo de nuestro ilustre vecino Javier Mas.

En la década de los 70 en el mundo estaban pasando muchas cosas: Videla en Argentina, Pinochet en Chile, el Domingo Sangriento en Irlanda del Norte, el Watergate… y en España, no menos: la muerte de Franco, la matanza de Atocha, el terrorismo de ETA, el proceso de Burgos… bueno, pues en este escenario cantaba la Bullonera.
Canción de la esperanza unida
No era fácil, no era nada fácil. Javier Maestre y Eduardo Paz hicieron bueno el nombre del grupo: La Bullonera, por su boca salían a trompicones ironías y sátiras a raudales.
El grupo nace a principios de 1972 dentro del movimiento antifranquista de la Universidad de Zaragoza. Tras una serie de recitales participan el Primer Encuentro de canción Popular Aragonesa en 1973 en un Teatro Principal a reventar. Esta actuación les hace tomar conciencia como músicos comprometidos completamente independientes de los partidos políticos con un objetivo claro, la elaboración de una cultura popular no monopolizada desde arriba sino creada desde abajo.
Sin apoyo alguno de la nueva clase dirigente, el grupo se disuelve en 1980.
Así como otros autores sufren el paso del tiempo con peor fortuna, las letras de la bullonera, en su mayoría, están completamente vigentes. Quien te ha visto y quién te ve.
A pesar de todo aquí

La primera vez que escuché a Carlos Cano no me gustó, me pareció una voz engolada, un triste. Con el paso de los días, y prestando atención a sus letras, a su música, a su estilo, cambié de opinión con la fe de un converso. Me encanta Carlos Cano.
Me gusta su sensibilidad, su forma de transmitirnos sentimientos, su ironía y su guasa.
Su biografía es una mezcla de un profundo arraigo a Granada, la ciudad que le vio nacer en el año 1946, en el barrio del Realejo y su deseo irrefrenable de abarcar el mundo.
Sus primeros recitales los dio en Granada, en la Casa de las Américas. Allí formó parte del movimiento Poesía 70 y de su sección musical, Manifiesto Canción del Sur, fundada con el propósito de renovar la música popular andaluza hacia el fin de la dictadura.
A los 18 años emigró a Suiza, donde trabajó en un hotel, y luego a Alemania, en la imprenta de la revista Der Spiegel; luego pasó a Holanda, donde se enroló como marinero en el puerto de Rotterdam.
Su repertorio es también un catálogo de las personas a quien admiró: Miguel de Molina, el cantante de coplas malagueño que se exilió en Argentina represaliado por el franquismo; el hispanista Gerald Brenan, José Afonso o las Madres Locas de Argentina, a quienes dedicó un tango memorable.
Tango de las Madres Locas

Pero 1995 supuso un cambio de rumbo en su vida. Sufrió un aneurisma de aorta que reveló la fragilidad de su sistema circulatorio. El 25 de mayo, un Carlos Cano que se debatía entre la vida y la muerte partió en un avión hacia el hospital Monte Sinaí de Nueva York.
De regreso a España, una vez le hicieron algunos apaños y eligió para su vuelta un hotel junto a la Alhambra. Allí describió con extraordinaria sensibilidad su experiencia, a la que revistió de un tono alucinante y poético, y prometió escribir unas Habaneras de Nueva York que en realidad fueron como una segunda inscripción de nacimiento que aparecía enunciada desde el primer verso: “Nací en Nueva York, / provincia de Graná”. La guasa carnavalesca, a la que tanto admiró, hasta el punto de pregonar el Carnaval de Cádiz vestido de Corto Maltés, le sirvió en aquella ocasión para poner distancia entre el recuerdo dramático de los días hospitalarios y una vitalidad reencontrada.
Falleció, a los 70 años, el 28 de noviembre del 2000.
Murga de los currelantes

Con los últimos minutos que nos quedan, quiero hacer un mínimo homenaje a un género que Carlos Cano revitalizó, le dio un nuevo aire y le quitó toda la caspa que el régimen le había endosado. La Copla.
Yo, como otros muchos, crecimos oyendo la radio y, en la radio, se programaban, sobre todo en los programas de discos dedicados, a los artistas del momento como Imperio Argentina, Estrellita Castro, Miguel de Molina, Antonio Molina y tantos otros. Esa fue la banda sonora de nuestra infancia que, por estar protegida por el régimen, desdeñamos desde el primer momento. Hoy, con el paso de los años, podemos enfrentarnos al género con otros ojos, como los de Carlos Cano. Esta es su versión, y con ella nos despedimos, de la “Falsa Moneda”. Hasta la semana que viene.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.