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Nada más que libros – Robinson Crusoe (Daniel Defoe)

10 junio, 2021 - Literatura
Nada más que libros – Robinson Crusoe (Daniel Defoe)

“Besó el suelo y apoyó en él su cabeza, y tomando mi pie lo puso sobre ella, lo que sin duda representaba su voluntad de hacerse mi esclavo por toda la vida”.

-Fragmento de Robinson Crusoe-

 

 

 

CARTEL NMQL - Robinson Crusoe-cuadro

Daniel Foe, que más tarde añadiría el prefijo “De” a su apellido, nació al parecer en Londres en 1.660. En 1.684 se casó con Mary Tuffley, y luego pasó unos años como empresario y mercader, pero en 1.692 cayó en bancarrota. En 1.697 se convirtió en confidente del rey Guillermo III y viajó por Gran Bretaña como agente secreto. En 1.702, su panfleto “El camino más corto con los disidentes” lo llevó a la cárcel, debido a su contenido político, y a una segunda bancarrota. Fue liberado gracias al influyente político Robert Harley, para el que trabajó como espía, viajando de nuevo por todo el país con el fin de informarle sobre la opinión pública. Defoe no se dedicó a la novela hasta casi cumplir los sesenta años. “Moll Flanders” de 1.722, “Diario del año de la peste” del mismo año y “Roxana”de 1.724 las escribió después de “Robinson Crusoe” escrita en 1.719, que obtuvo un enorme éxito, convirtiendo a su autor en una figura fundamental del género. Murió en el año 1.731.

Construir una narración como una autobiografía ficticia es un recurso que permite al escritor no solo presentar el relato de la vida de un individuo como si este fuera el autor, sino también crear la impresión de que las palabras escritas son la transcripción directa de sucesos reales. El “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe (originalmente titulado “Vida y extrañas y sorprendentes aventuras de Robinson Crusoe”) fue el padre de esa voz autobiográfica de ficción. Muchos otros personajes literarios notables de los siglos XVIII y XIX siguieron a Crusoe; entre ellos el Gulliver de Jonathan Swift, el Tom Jones de Henry Fielding o el David Copperfield de Charles Dickens.

La portada de la primera edición de “Robinson Crusoe” no citaba a Defoe como autor: bajo el título decía simplemente . Así, los lectores muy bien podían suponer que la historia que contaba era cierta, verídica. La primera frase del libro: sugiere que se trata de una narración real relatada por la misma persona que vivió esas aventuras. Los detalles sobre el nacimiento del autor aportan autenticidad a la obra como texto autobiográfico, y por tanto como narración real. El hecho de que parte de la novela esté escrita en forma de diario refuerza esa verosimilitud.

“Robinson Crusoe” es ampliamente reconocido como un texto fundacional del realismo y, para muchos, es además la primera novela inglesa. Se cree que Defoe se inspiró en el relato de un náufrago que existió realmente, Alexander Selkirk, quién a principios del siglo XVIII quedó aislado en una isla del Pacífico. La historia de Defoe, que tuvo un éxito inmediato, menciona expediciones a regiones exóticas de África y Brasil, y una misión esclavista que acaba en naufragio en una isla del Caribe. Crusoe explica sus intentos de rescatar provisiones del barco y su solitaria existencia en la isla. Construye un refugio y fabrica herramientas para cazar, labrar y recolectar; lleva la cuenta de los días haciendo muescas en una cruz de madera; lee la Biblia y reza a Dios. Domestica a un loro. Durante años, esta es su vida. Entonces, en un famoso episodio de la literatura universal, Crusoe descubre una huella en la arena, lo que le provoca un miedo obsesivo a ser atacado por . Después de dos años dedicado a fortificar su refugio, encuentra a un nativo que huye de unos caníbales. El protagonista entonces lo rescata, lo pone a su servicio y lo llama Viernes, por el día en que lo encontró.

La relación entre ambos hombres ha sido criticada como propia del amo y esclavo o explorador/explotador – europeo/indígena; Crusoe, como portador de civilización, entre comillas, constituye un símbolo del emergente imperialismo británico. Igual que las naciones europeas tomaban el mando de sus colonias, así Crusoe asume el dominio sobre la isla, y se considera a sí mismo dueño y señor de estas tierras. Ciertamente, la forma en que Daniel Defoe se abre paso en el nuevo escenario social y literario, da expresión narrativa a la naciente ética mercantilista e individualista de la época y no deja lugar a dudas que que la novela encontró terreno abonado en la realidad social del siglo XVIII. Cuando a la edad de sesenta años, Defoe decidió publicar la primera parte de “Robinson Crusoe”, en pocos meses se multiplicaros las ediciones, aparecieron ediciones piratas y el libro fue devorado por toda clase de público, incluida gentes de clase humilde. Esta, y las otras obras posteriores del autor, celebran el mundo de la industria, la adquisición de una propiedad, y a través de ellas configura Defoe unos ideales de clase haciendo contar a los personajes sus propias vidas en función de los cambios sociales, condiciones económicas y estados de conciencia. ¿Relato de aventuras y de viajes?, ¿Autobiografía espiritual?, ¿Alegoría religiosa?. Defoe recurrió a diversas fuentes para incorporar ingredientes de memoria personal e historia espiritual y justificar la verosimilitud del relato en función de un propósito moral.

Por su fondo ideológico, “Robinson Crusoe” transluce un credo individualista, mercantilista y liberal que suponía un reto frente a la concepción aristocrática de la estabilidad social. Y efectivamente así ha sido. El mundo occidental – Rousseau, Coleridge y Marx, entre otros – ha visto en Robinson encarnado en uno de los grandes mitos modernos: la épica de supervivencia individual frente a la opresión de la naturaleza. Jamás la experiencia individual había sido presentada con tanta precisión, ni el curso de los episodios marcado tan convincentemente un proceso espiritual. La historia hipnotiza por su realismo, mientras el espíritu mercantilista de su héroe, la personificación del nuevo >, acepta los caminos de la providencia. La insular de Crusoe inspiró numerosas refiguraciones y dio origen a todo un subgénero. Texto fundamental en la literatura inglesa, ha tenido una enorme influencia – tal vez como ninguna otra obra -, y la figura de Robinson Crusoe se ha convertido en parte de la cultura general en todo el mundo.

 

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