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Nada más que libros – Fausto (Goethe)

29 abril, 2021 - Literatura
Nada más que libros – Fausto (Goethe)

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“Apenas has dado un paso en mi camino, y como a todo hombre, se te trastorna ya el juicio. ¿Por qué formáis, pues, causa común con nosotros, si no podéis soportar después las consecuencias de nuestra unión?. ¡Quieres volar y no te ves aún libre del vértigo! ¿No eres tú el que me invocaste?”.

-Mefistófeles a Fausto-

 


CARTEL-Fausto-Goethe-cuadro

 

Nacido el 28 de Agosto de 1.749 en Fráncfort, en el seno de una acomodada familia de clase media, Johann Wolfgang von Goethe no fue solo una gran figura literaria; también fue un experto en varios campos, desde el derecho y la filosofía hasta la botánica, la zoología, la física y la medicina. Fue educado en casa hasta 1.765, cuando fue enviado a Leipzig para estudiar leyes. Allí empezó a escribir sus primeros dramas extensos y poesía lírica. Tras graduarse, continuó escribiendo, ganándose la reputación de autor excepcional e innovador. En 1.775 fue invitado a ocupar un puesto en la corte de Weimar, donde tuvo diversos cargos durante diez años. En 1.786 partió para realizar un viaje de dos años por Italia. En torno a 1.794 inició una colaboración con Friedrich Schiller que resultaría en una obra literaria y cultural tan sublime como influyente. Goethe murió el 22 de Marzo de 1.832.

Goethe no completó “Fausto” la obra por la que es más recordado, hasta poco antes de su muerte en 1.832. La obra, una tragedia en dos partes, la primera de ellas terminada en 1.808, es también el logro más notable del movimiento conocido como “clasicismo de Weimar”, un periodo de prolífica actividad cultural y literaria centrada en la ciudad alemana de Weimar que comenzó en la década de 1.780 y duró casi treinta años. Los dos escritores más estrechamente asociados con el clasicismo de Weimar son Goethe y su amigo y colaborador Schiller nacido en 1.759 y fallecido en 1.805. En su juventud, ambos habían estado implicados en el movimiento (Tormenta e Impulso), el cual produjo novelas y obras teatrales que rompían con la tradición literaria de la Ilustración y promovían una apasionada expresión de las emociones. Sin embargo, en la década de 1.780, amainado el fuego de su juventud, Goethe y Schiller volvieron la mirada hacia los valores ilustrados que previamente habían rechazado y los reconciliaron con la energía del Sturm und Drang, además de revisitar a los clásicos griegos con vistas a la creación de unos estándares nuevos y más refinados.

Al formular sus ideas sobre la literatura, Goehe y Schiller afirmaron que la perfección estética era un objetivo imposible. En cambio destacaron la importancia del equilibrio y la armonía, argumentando que una obra literaria podía considerarse grande si se daba un equilibrio perfecto entre sus elementos imperfectos; de ese modo una obra podía alcanzar la unidad y la totalidad buscadas por los autores clásicos griegos. Ese equilibrio, según ellos, se obtenía por medio de una combinación de los tres elementos esenciales en toda obra de arte. El primero, , la inspiración o visión primaria del autor, se combina con el segundo, , la forma estética de la obra, que puede estar basada en un estudio detallado de los modelos clásicos. El tercer elemento,, es la parte principal de la invención del autor: el contenido, las palabras de un trabajo literario; este debe ser el elemento que debe ser cuidadosamente manejado, pues puede crear un desequilibrio que distraiga de los dos anteriores. Goethe y Schiller colaboraron y se alentaron en sus producciones respectivas: fue Schiller quién insistió en que Goethe debía retomar el “Fausto”, una obra que este había comenzado en su juventud y que luego había dejado a un lado. Ambos mantuvieron correspondencia diaria hasta la muerte de Schiller en 1.805, fecha en que muchos estudiosos consideran el fin del “clasicismo de Weimar”.

Goethe

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832)

La historia de Fausto se basa en las leyendas populares sobre pactos con el diablo que circularon por Europa desde principios del siglo XVI, y que habían inspirado, entre otros, el drama “Doctor Faustus” de Christopher Marlowe en 1.604. Mientras que las versiones previas presentaron la leyenda de Fausto como una contienda relativamente sencilla entre Dios y el diablo, o entre el bien y el mal, el “Fausto” de Goethe es un relato más profundo que trasciende la cuestión de la simple moralidad. El autor argumentaba que al vivir, al actuar, el ser humano puede cometer errores; pero que el aprendizaje de esos errores le lleva a la rectitud. “Fausto” comienza – después de una dedicatoria en verso – con un prólogo en que un director teatral, un poeta y un cómico discuten sobre qué es lo que caracteriza a una buena obra de teatro. Cada uno tiene su propio objetivo: el director desea hacer una obra que llegue a la multitud y sea bien recibida por el público; el poeta es un idealista que pretende representar valores eternos y crear una obra inspiradora, una obra maestra que perdure; y el cómico quiere entretener al público a través de la comedia y la acción. Al final, los tres llegan a un acuerdo: el poeta puede crear una obra de significado profundo, siempre que incluya acción, comedia y tragedia. La discusión termina con una promesa a la audiencia: que toda la Creación (el mundo, el cielo y el infierno), se representará en escena. La parte primera de “Fausto” comienza en el cielo, donde Mefistófeles, o sea el diablo, medita sobre la humanidad y apuesta con Dios a que él puede arrastrar a uno de sus siervos, Fausto, al camino del pecado y ganarse su alma. Dios acepta el reto, pero afirma su convencimiento de que Fausto se mantendrá fiel, precisando que, aunque un hombre pueda cometer errores en la vida, es básicamente bueno.

Trasladando la acción al mundo en un marco contemporáneo alemán, Goethe presenta a Fausto, un docto profesor, médico y teólogo. Sentado en su estudio, Fausto está desesperado, sintiendo que ha alcanzado el límite de su aprendizaje y que es “un pobre loco, tan sabio como antes de empezar”. Entonces aparece el diablo y ambos establecen un acuerdo: Mefistófeles colmará los deseos de Fausto en el mundo y este, a cambio, servirá al diablo en el infierno. Como parte del trato, Fausto declara que si el diablo logra proporcionarle un momento tan gratificante que desee prolongarlo para siempre, él morirá en ese preciso momento. El pacto es firmado con sangre. Fausto conoce a una joven por la que se siente atraído, Gretchen. Con la ayuda del diablo, la seduce; pero lo que Fausto esperaba que le trajera la felicidad se convierte rápidamente en muerte y tragedia. Así pues, en esta primera parte, a Fausto se le niega la plenitud. La Parte II es la parte más compleja de la tragedia. Se compone de cinco actos que se desarrollan en diferentes escenarios: real, mágico, histórico y mítico. Después de haber explorado el pequeño mundo personal de Fausto en primera parte, ahora Goethe sitúa los acontecimientos en un marco más amplio, e introduce numerosos hilos argumentales fantásticos y a menudo confusos, como el matrimonio de Fausto con Helena de Troya, que pasa por ser, en la mitología griega, la mujer más bella del mundo.

Fausto ejemplifica el clasicismo de Weimar en su riqueza de alusiones clásicas: entre sus personajes hay dioses, diosas y héroes de la mitología griega, y presenta escenarios de la Antigüedad. Su texto incluye una asombrosa variedad de estilos literarios, que remiten a las tragedias griegas y a los autores sacramentales de tema bíblico populares en la Edad Media. Se inspira en las mascaradas renacentistas y en la “commedia dell´arte”, un formato teatral de la Italia del siglo XVII en que los actores improvisaban a partir de arquetipos, y hace uso de diversas formas poéticas. Fausto es sin discusión, el mayor logro del Clasicismo de Weimar, si bien Goethe tardó tanto en terminarla que, para cuando se publicó la segunda parte en 1.832, unos meses antes de su muerte, hacía ya bastante tiempo que el movimiento había desaparecido. “Fausto” no tuvo una gran influencia entre los escritores de la época, entre otros motivos porque muchos ya habían publicado una obra abundante cuando apareció. Fue el romanticismo alemán, que ignoraba el “equilibrio” clásico, el que dominó en buena parte de la Europa de entonces. Pero, a pesar de su falta de influencia contemporánea, “Fausto” se convertiría en una de las obras más famosas y estudiadas de la literatura alemana, y actualmente se considera una de las obras teatrales más grandes jamás escritas.

 

ENLACES TRANSMEDIA:

 

1 – Película : FAUSTO (1926-F. W. Murnau ) – Completa (Carteles en español)

 

2 – Ópera FAUSTO, Charles Gounod  (1859) – Aria de las joyas (Ah, je ris de me voir si belle en ce miroir) – Elsa Dreisig

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