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Nada más que libros – Emily Brontë – ‘Cumbres Borrascosas’

11 marzo, 2021 - Literatura
Nada más que libros –  Emily Brontë – ‘Cumbres Borrascosas’

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“El terror me volvió cruel y, viendo que era imposible librarme de aquella criatura, atraje su muñeca hacia el cristal roto y me puse a frotarla contra él en todas direcciones, hasta que la sangre brotó y empapó las sábanas”.

Emily Brontë – ‘Cumbres Borrascosas’

 


 

CARTEL NMQL - Cumbres Borrascosas-CUADRO

Nacida el 30 de Julio de 1.818, Emily fue la quinta hija del reverendo Patrick Brontë. La familia vivió en el pueblo de Haworth, al borde de los páramos de Yorkshire, un paraje que tuvo una gran influencia en los escritos de Emily y de sus hermanas Charlotte y Anne. Su madre murió en 1.921 y, en 1.824, las tres hermanas fueron enviadas a la escuela para hijos de clérigos de Lancashire. Tras la muerte de sus hermanas mayores, María y Elizabeth, durante un brote de fiebre tifoidea, las hermanas que quedaron regresaron a casa. Poco después, en Haworth, decidieron empezar a publicar sus obras bajo seudónimos masculinos; el de Emily era Ellis Bell, y la única novela que publicó fue “Cumbres borrascosas” en 1.847, si bien el año anterior publicó un libro de poemas junto con sus hermanas. Trágicamente, Emily no vivió para ser testigo del éxito de su novela; murió de tuberculosis justo un año después de su publicación.

Cumbres borrascosas” se considera una de las historias de amor más famosas de la cultura occidental. No obstante, esta es una valoración cuestionable: aunque el intenso y funesto romance entre Catherine y Heathcliff, sus dos protagonistas, es realmente fascinante, el lector no tarda en descubrir que más que un romance, la novela plantea un relato de violencia, obsesión y abuso. En esta novela Emily Brontë expande y reformula los temas góticos de un modo que revela las inquietudes victorianas respecto al género, la clase, la pobreza y la vida doméstica. Así la novela relata una historia de venganza, dependencia y deseo apasionado, centrada en la mansión llamada , situada en medio del áspero paisaje de los páramos de YorKshire. Sigue la vida del antihéroe, Heathcliff, un huérfano de las calles de Liverpool adoptado por la familia Earnshaw. Heathcliff es criado junto a los hijos del matrimonio, Catherine y Hindley, y el relato despliega sus complejas relaciones y las luchas de poder a lo largo de los años siguientes; la pérdida por Heathcliff de su alma gemela, Catherine, a manos de Edgar Linton, y la venganza que se cobra. Estructuralmente, la novela hace uso del enmarcado: la historia principal se narra en el marco de otra. Este marco es el relato de la visita a Cumbres Borrascosas de un caballero llamado Lockwood. Un perturbador encuentro con lo que él cree que es el fantasma de Catherine le altera profundamente, e interroga a Nelly Dean, antigua sirvienta de Catherine, sobre la historia de la casa. El relato de Nelly se despliega para el lector al mismo tiempo que lo hace para Lockwood. Publicada en 1.847, la obra no disfrutó de un éxito inmediato, tal vez debido a que la sensibilidad victoriana no podía asumir su crueldad y su pasión desenfrenada. Pero la defensa de la novela por parte de la crítica, cambió la opinión pública respecto a ella. Tiempo después, en 1.916, un ensayo de la escritora Virginia Woolf marcó un giro en la interpretación del texto. Woolf lo describe como un cuento de hadas o un mito de naturaleza intemporal. Esta visión de la novela se hizo popular y es corriente hasta hoy; sin embargo tiende a ignorar o disminuir la importancia del uso por parte de Brontë de las convenciones de la literatura gótica en su narración, y la relación misma de su obra con la literatura y los problemas de su tiempo.

Algo particularmente notable en la novela es la forma en que adapta los temas góticos victorianos. Otros autores contemporáneos, como Charles Dickens, utilizaron elementos góticos en novelas realistas, profundizando así en temas, estilos y significados asociados con la literatura gótica precedente. En lugar de ruinosos castillos medievales, por ejemplo, Dickens describía tétricos paisajes urbanos, inundados de pobreza y explotación. En vez de una terrorífica mansión con sus victimizados moradores, Dickens mostraba los espeluznantes abusos que se daban en las lóbregas calles de Londres. Emily Brontë fue más lejos que él, ampliando la tradición literaria gótica a través del personaje de Heathcliff, llevado de niño a la mansión de Cumbres Borrascosas. Cuando llega a la casa, y de hecho a lo largo de todo el relato, se hace referencia a él como un “gitano”. Para los victorianos, la palabra gitano tenía varias connotaciones: designaba a alguien de una raza diferente, y también se usaba como insulto para alguien que carecía de hogar, un vagabundo, alguien al que había que temer. El enfoque más complejo de lo gótico por parte de Brontë es evidente también en su descripción de los conflictos interiores de los personajes. Así, por ejemplo, cuando Catherine es obligada a elegir entre Heathcliff y Linton, no duerme durante tres días y es incapaz de distinguir entre imaginación y realidad. La diferencia racial y la pobreza de la clase trabajadora fueron preocupaciones para los victorianos, que moldearon sus ideas de respetabilidad y de identidad nacional británica a través del espacio doméstico idealizado, del hogar de clase media. El propio Dickens describió escenas domésticas estereotipadas en la que la respetabilidad del espacio burgués contrastaba con la miseria material y moral de las calles. Emily Brontë, por su parte, llevó la cruda realidad del exterior al interior de la casa, recuperando narraciones góticas anteriores en la que los hogares no eran lugares de refugio y confort, sino espacios de abuso familiar. De ese modo, revelaba al lector contemporáneo que la esclavitud y la carencia de hogar asociadas con Heathcliff también eran evidentes dentro de la idealizada esfera doméstica. De hecho, la casa no era más segura que las calles infestadas de delincuencia. Heathcliff, como niño abandonado encontrado en las calles de Liverpool, a sido asociado no solo con los gitanos, sino también con el comercio esclavista de la época. Como personaje, puede verse como una representación gótica de lo externo, que introduce el terror de lo desconocido en el entorno doméstico. A través de su poderoso apego a Catherine, quién, como él, solo experimenta abandono y abuso dentro de Cumbres Borrascosas, su presencia manifiesta que el crimen y la explotación no son dominio exclusivo de la pobre clase trabajadora urbana.

Emily-Bronte

La relación de Catherine y Heathcliff es más vampírica que romántica. Se extraen mutuamente la fuerza vital en pos de sus necesidades y su venganza, y a menudo cada cual refleja los deseos del otro y sus frustraciones con la sociedad. La súplica de él a ella: > sugiere que la suya no es una florida unión amorosa, sino más bien un encuentro existencial de dos almas. Catherine expresa una idea similar: . Para ella, Heathcliff no es el objeto de un enamoramiento adolescente, e incluso advierte a su cuñada de que no lo idealice como al héroe de una novela romántica; ella lo ve como es: egoísta y codicioso. Ella también es un personaje deliberadamente obstinado y egoísta, y sus actos son un reflejo de la inflexible voluntad de él. Engendrados en la pobreza y víctimas de abusos en Cumbres Borrascosas debido a su clase inferior, Hethcliff desea el poder social a través del ascenso de clase, el dinero y la posesión de bienes, representados por Catherine. Como otras mujeres de clase media de la época, la misma Catherine se considera como un objeto de propiedad, un elemento del hogar en el que está confinada. Para ella, Heathcliff representa un arma contra ese respetable mundo de la clase media al que se espera que ella se someta al entrar en la edad adulta.

La relación entre el hogar victoriano y el género es un aspecto importante de “Cumbres borrascosas”, que se hace poderosamente evidente en uno de los pasajes más conocidos y violentos. Cuando Lockwood llega a la casa, espera una mansión rural típica: la clase de entorno doméstico cuya descripción dio fama a Dickens, con sus reconfortantes escenarios de dicha y armonía familiar al calor de la lumbre. En su lugar, parece caer de bruces en las páginas de una novela gótica en la que unos perros extraños lo atacan, un hosco propietario lo ahuyenta y una misteriosa ama de llaves lo envía a dormir en una habitación embrujada. El encuentro de Lockwood con el fantasma-niña de Catherine en su antigua habitación culmina con la sobrecogedora y sangrienta imagen de él mismo restregando la muñeca desnuda del fantasma contra el vidrio dentado de una ventana rota. Esta violenta y perturbadora imagen podría interpretarse como un simple recurso gótico de no ser por la compleja relación de Catherine con su hogar. A lo largo de su vida, ella experimenta los hogares como lugares de confinamiento e intenta escapar de ellos; pero, paradójicamente, después de muerta ronda las lindes de Cumbres Borrascosas intentando entrar en ella. Como Heathcliff, es un personaje sin hogar que no pertenece a ninguna parte. Para ella, el auténtico terror gótico es la incapacidad de la casa para alojarla a ella y a sus deseos; en lugar de eso, igual que Lockwood rasga su piel una vez muerta, así la casa quiebra su identidad en vida. A través de ella, Brontë revela los límites del modelo doméstico victoriano, utilizado a menudo para definir la vida de las mujeres de la época.

 

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Durante el siglo XIX, las mujeres estaban tan íntimamente ligadas con el hogar que eminentes críticos victorianos como John Ruskin, describieron el propio cuerpo de la mujer como espacio privado de domesticidad. Esta claustrofóbica limitación de la vida de las mujeres es un asunto que resuena en “Jane Eyre”, de Charlotte Brontë, hermana de Emily, a través del confinamiento literal de una mujer dentro del hogar. En “Cumbres borrascosas”, el tema del confinamiento femenino es representado en la figura de Catherine, y se sugiere que la única vía de escape para la mujer pasa por una autodestrucción violenta que resulte en una carencia total de hogar permanente. Para ella, la idea doméstica victoriana no es solo una prisión; es, además, un dilema existencial que la obliga a preguntarse adónde pertenece y que vacía su vida y su energía, dejando tan solo una sombre espectral de su yo anterior, primero metafórica y luego literalmente. Este es el poder de “Cumbres borrascosas” y de su uso de los elementos góticos victorianos: revela que la tragedia fundamental del relato no se halla en la aciaga relación entre Catherine y Heathcliff, sino más bien, en la ausencia de un verdadero espacio de pertenencia para ninguno de los dos.

 

 

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