
Meditaciones de Marco Aurelio, por Elena Parra

Meditaciones, o Soliloquios, es una obra de Marco Aurelio, el llamado “emperador filósofo” que vivió en la segunda mitad del siglo II de nuestra era. Marco Aurelio, el penúltimo emperador de la dinastía Antonina, quedó huérfano muy joven y fue adoptado por Antonino Pío por expreso deseo de Adriano, quien había pensado en él para que algún día fuera emperador. De carácter austero y sencillo, recibió una esmeradísima educación, con los mejores maestros particulares, en un momento de brillante renovación de la cultura griega, y ya a los once años se autodenominó “filósofo”, entendiendo este término como una actitud vital, que no profesional. Gobernó un imperio estable y grandioso, un territorio que desde Adriano había decidido limitar y proteger sus fronteras para volcarse en los asuntos internos, sin ánimo de conquista ni de crecimiento. No obstante, el reinado de este emperador, el último de los emperadores buenos o los buenos emperadores, estará marcado por continuas guerras en casi todos los confines del imperio, por multitud de problemas, crisis y enfermedades graves como la peste; En resumen, su gobierno no será plácido ni pacífico, y marcará el inicio de la decadencia tras más de cien años de esplendor. Como dice Eva Tobalina, historiadora especializada en el imperio romano, parafraseando a Casio Dión; “lo que ha sido oro y plata, a partir de ahora será hierro y óxido”.
Dice Carlos García Gual en su libro sobre las Meditaciones, que «Marco Aurelio resulta un tipo de héroe muy poco frecuente en la historia, porque carece de la alegría autoafirmativa, de la ambición y del énfasis jovial de otras grandes figuras, y, además, es un filósofo de reducida originalidad. Pero la conexión de su posición histórica, su conducta personal y su actitud filosófica, hacen de él una figura atractiva y un ejemplo apasionante de humanidad que ha generado la admiración de historiadores y pensadores».
Marco Aurelio se sentía, y vivía, como un estoico, entendiendo este término como una actitud vital. El estoicismo suele definirse como la filosofía de la coherencia con uno mismo, y en esencia, hunde sus raíces en la ética socrática de la virtud y el bien moral, en la física de Heráclito, en el sentido de que la naturaleza está en continua transformación, y en la dialéctica de la escuela aristotélica.
«Como pensador, Marco Aurelio no es un filósofo original ni complicado -volvemos a García Gual-. Tampoco pretendemos ser un maestro de virtud. Se propone, sí, un cierto ideal estoico del sabio como modelo; aunque es consciente, demasiado tal vez, de la distancia que le separa de este modelo. Lo más atractivo en él es la sinceridad con que intenta vivir según esas pautas éticas. Por eso su estoicismo tiene el atractivo de la doctrina vivida, y no de la predicada.
Hay en su filosofía un intento, cerebral y cordial, por aferrarse a una explicación del mundo que le permite vivir con dignidad, con razón, frente al azar absurdo. La ética estoica da sentido a su vida, y practica la filosofía como un fármaco personal, al tiempo que cumple con su deber”.
Regalé hace poco este libro a un amigo que pasaba una época difícil y andaba peleándose con sus demonios internos. Después de echarle un rápido vistazo, me dijo: “Ah, qué bueno, es un libro de autoayuda”. Pero nada más lejos de la realidad que comparar las Meditaciones de Marco Aurelio con la tan manida autoayuda, que emerge como una enfermedad entre youtubers y creadores de contenido.
Lo que sí reúne es un compendio de las enseñanzas puras y primigenias que habitan en el alma, o en el espíritu, de todos nosotros, y traza un camino de mejora, que no de perfección, tal y como entendemos hoy el término de perfección.
Marco Aurelio escribió este librito en los numerosos años que pasaron en las fronteras del Imperio, concretamente en los territorios donde hoy se sitúan Polonia y Hungría, mientras convivía con el frío y las nieblas, en un ambiente hostil, marcado por campañas de conquista y con multitud de problemas en todas las fronteras de Roma. El emperador volcó sus pensamientos de forma desorganizada, sin orden. Algunos de ellos son meras frases o rápidos apuntes, otros están más trabajados. Se ha pensado que podrían estar dedicados a su hijo y sucesor, Cómodo, que será una calamidad para el Imperio y marcará el final de un largo período de paz y prosperidad.
«El tono de los apuntes filosóficos es severo y un tanto adusto, acorde con los temas tratados, con esas consignas de resignación ante los reveses del azar y las injusticias humanas, y la meditación frecuente de la muerte irremediable. Sobre ese trasfondo gris destacan los símiles, de una plástica vivacidad. Son imágenes que intentan conciliar el pesar de la existencia humana al reintegrarlo en una imagen de la naturaleza regida por un ritmo eterno. Son hermosas y apaciguadoras, intentan desvanecer el aspecto irrepetible que la vida individual presenta. Marco Aurelio intenta combatir con esos pensamientos consoladores a su enemigo: el tiempo, tenaz aliado de la muerte” (Carlos G. Gual).
Este libro se edita hoy en día tal y como se organiza en el siglo XVI, agrupando las reflexiones en 12 capítulos, o partes, centradas en asuntos como la razón, el deber, la mortalidad y la aceptación del destino.
Ponen voz a las Meditaciones los miembros de Trafulla Teatro y otros amigos y colaboradores. Notaréis los cambios en la atmósfera de cada pensamiento, y esto es porque queríamos hacer este programa contando con muchas personas. Para ello hemos utilizado móviles y micros, además de haber grabado otros audios en estudio. Y, aunque después hemos eliminado ruidos y normalizado os daréis cuenta de que cada reflexión viene desde un lugar diferente. Pensamos que en momentos complejos la sabiduría transparente y sencilla de Marco Aurelio puede servir de guía, puede ayudar a mirar con una mirada más limpia, menos convulsa, una mirada que permita la escucha y la conversación, el diálogo, no la interpretación ni la manipulación. Escuchar, asimilar y concluir con equilibrio.
Porque es preciso repensar y decidir hacia dónde queremos ir, y de qué manera lo queremos hacer. Cada uno de nosotros y todos en conjunto. Bien sabemos que no todo es lícito, que no todo vale.
Agradezco de corazón a todos los que habéis colaborado.
Manuel Alcaine, Lola Orti, María José Sampietro, Mingo España, Mariana Ventura, José Luis Hernández, Elisa Berna, Pilar Julián, José Luis Arribas, Antonio Giménez, Néstor Barreto, Ana Marquesán, Emilio Gazo, Antonio Tausiet, Abraham Guimbao, Óscar Ribote, Victoria Hebrero, Alfonso Desentre, Chusé Murillo, Susana Parra, Lucía Garín y Asier Rueda.
La mayoría de estos pensamientos están extraídos del último libro publicado por Alianza Editorial, que cuenta con la traducción de Antonio Guzmán Guerra. Algunos otros, los menos, son de otras fuentes y responden a otras traducciones.
Hemos utilizado bibliografía de Carlos García Gual, del que transcribimos algún párrafo de su libro Meditaciones, de Gustavo Martín Garzo y de Eva Tobalina.
Nos acompaña, y nos da la forma además del fondo, el primer tiempo del Concierto para piano y orquesta n.º 1 en si bemol menor Op. 23 de Chaikovski, interpretado al piano por Van Cliburn bajo la dirección de Fritz Reiner con la Orquesta Sinfónica de Chicago, disco que fue grabado en 1958, poco después de que el pianista texano, con solo 23 años, ganó el Concurso Chaikovski en Moscú en plena guerra fría y frente a todo pronóstico. Este primer tiempo es arrebatado, tumultuoso, romántico, expresivo, muy ruso, un allegro con espíritu con impresionantes secciones para el solista que crean una melodía a partir de acordes decididos interpretados por la orquesta. Brillante la interpretación de Van Cliburn, pone los pelos completamente de punta.
-Elena Parra-


