![Luis Felipe Alegre. El [nuestro] Silbo Vulnerado](https://sienteloconoido.es/wp-content/uploads/2026/01/CARTEL-LUIS-FELIPE-FB.jpg)
A Luis Felipe Alegre, El [nuestro] Silbo Vulnerado
Luis Felipe y su grupo de actores y músicos ‘El silbo vulnerado’ dieron su primer recital en el invierno de 1973, en el CMU La Salle de nuestra ciudad. 52 años de incansable y fecunda dedicación a la hermosa tarea de interpretar y difundir magistralmente la obra de un sinnúmero de poetas españoles y latinoamericanos. En abril pasado su silbo se apagó, pero siempre será memorable. Hoy queremos recordarle leyendo algunos poemas que él llevó en su prodigiosa memoria.

1. Francisco de Quevedo – A un hombre de gran nariz – (Voz: Ika Ventura)
2. Miguel Hernández – El Silbo Vulnerado -fragmento- (Voz: José Luis Hernández)
3. Federico García Lorca – Vals vienés – (Voz: Mingo España)
4. Luis Cernuda – Si el hombre pudiera decir – (Voz: Manuel Alcaine)
5. Blas de Otero – A la inmensa mayoría – (Voz: María José Sampietro)
6. León Felipe – Sé todos los cuentos – (Voz: Lola Orti)
7. Oliverio Girondo – Invitación al vómito – (Voz: Mingo España)
8. Leopoldo María Panero – A mi madre – (Voz: Elena Parra)
9. Agustín García Calvo – Tú, cuya mano – (Voz: Elisa Berna)
10. Clara Janés – Fugacidad de lo terreno – (Voz: Lola Orti)
11. Ángel Guinda – En respuesta a una joven – (Voz: Pilar Julián)
12. Rosendo Tello – Que silbe el sapo – (Voz: Manuel Alcaine)
Fotografía: Sol Barbini
Ambientación musical: Jamendo – CC-NC
• Roger Subirana (Point of no return – The Drop)
• Van Syla (Bad Compagny – Reflections – What is love)
• DI Spooky (Adagio in blue)
• Alexander Franke (Morning sun)
Presentación, edición y montaje: Manuel Alcaine
SELECCIÓN POEMAS:
1 – Francisco de Quevedo – ‘A un hombre de gran nariz’
Érase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase una alquitara medio viva,
Érase un peje espada mal barbado;
Era un reloj de sol mal encarado.
Érase un elefante boca arriba,
Érase una nariz sayón y escriba,
Un Ovidio Nasón mal narigado.
Érase el espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egito,
Los doce tribus de narices era;
Érase un naricísimo infinito,
Frisón archinariz, caratulera,
Sabañón garrafal morado y frito.
2 – Miguel Hernández – Fragmento de ‘El Silbo vulnerado’ (24)
Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.
Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.
Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.
Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.
3 – Federico García Lorca – ‘Pequeño vals vienés’ (de Poeta en Nueva York)
En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.
Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.
En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.
Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Tomo este vals del «Te quiero siempre».
En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.
4 – Luis Cernuda – ‘Si el hombre pudiera decir’
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
5 – Blas de Otero – ‘A la inmensa mayoría’
Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos su versos.
Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.
Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.
¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.
Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno. Blas de Otero
6 – León Felipe – ‘Sé todos los cuentos’
Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.
7 – Oliverio Girondo – ‘Invitación al vómito’
Cúbrete el rostro
y llora.
Vomita.
¡Sí!
Vomita,
largos trozos de vidrio,
amargos alfileres,
turbios gritos de espanto,
vocablos carcomidos;
sobre este purulento desborde de inocencia,
ante esta nauseabunda iniquidad sin cauce,
y esta castrada y fétida sumisión cultivada
en flatulentos caldos de terror y de ayuno.
Cúbrete el rostro
y llora…
pero no te contengas.
Vomita.
¡Sí!
Vomita,
ante esta paranoica estupidez macabra,
sobre este delirante cretinismo estentóreo
y esta senil orgía de egoísmo prostático:
lacios coágulos de asco,
macerada impotencia,
rancios jugos de hastío,
trozos de amarga espera…
horas entrecortadas por relinchos de angustia.
De ‘Persuasión de los días’ (1942)
8 – Leopoldo María Panero – ‘A mi madre’
(reivindicación de una hermosura)
Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia
tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)
9 – Agustín García Calvo – ‘Tú, cuya mano’
Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.
Tú, que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o si alcándara,
que de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres
y mi patria.
Tú, que ni tú te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de cada semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.
Tú, que tan dulcemente besas
que el cielo bocabajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva, de puro sabrosa y templada,
tú eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.
Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
as rosas de leche de luna de Nuruquimagua,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.
Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes y todas
las patrias y padres se creen que tú no eres nada:
que no eres nada.
10 – Clara Janés – ‘Fugacidad de lo terreno’
Todo es de polvo, soledad y ausencia.
Todo es de niebla, oscuridad y miedo.
Todo es de aire, balanceo inútil,
sobre la tierra.
Manos vacías que acarician viento,
ojos que miran sin saberse ciegos,
pies que caminan sobre el mismo trecho
siempre de nuevo.
Vemos sin ver y en la tiniebla estamos.
Somos y somos lo que no sabemos.
Hay en nosotros de la llama viva
sólo un reflejo.
Caen los días en otoño eterno.
Pasan las cosas entre sueño y sueño.
Llega la noche de la muerte. Y calla
nuestro silencio.
(del libro ‘Límite Humano’ – 1973)
11 – Ángel Guinda – ‘En respuesta a una joven’
Con el paso de los años la paleta de Goya se vuelve
más oscura.
Con el paso de los años uno comienza a arrojar lastre:
pierde altura, oído, pelo, memoria, ímpetu y hasta las
ganas de salir de viaje.
Con el paso de los años te haces menos suspicaz a
todos y a casi todo, nada te escandaliza, no esperas
ningún milagro y sospechas que tú también morirás.
Con el paso de los años tienes cada vez menos sueño,
más manías, más decepciones y miedos.
Con el paso de los años todo se deteriora: el mundo
se viene abajo.
Mas no te preocupes, esto sólo sucede con el paso
de los años.
(De ‘Poemas útiles de un poeta inútil’)
12 – Rosendo Tello – ‘Que silbe el sapo’
Pero que silbe el sapo,
inflado de gregaria elocución
aconsejado por la noche histérica.
Que el sol me guiñe un ojo entre la luna
y espante a carcajadas mi silencio,
yo ya sé donde estoy, de donde vengo
y qué, por qué y en qué
tengo este acento nuevo, peculiar
que me hace parecerme a lo que nunca he sido.
Debo pensar ahora en otra cosa
que en ser o estar o en el tumulto
que entre los dos vacíos se interpone,
¡pero que silbe el sapo!
Desfallezca la luz a risotadas
mientras sube ceñuda la marea común
que viene a desposeerme con coros destemplados.
¿Qué debo hacer cuando mil voces llaman
y les respondo a secas con todo mi vacío volante?
Decidme por qué suena la campana.
¿Para qué tañe y para qué convoca?
¿Qué quiere el repicar del esquirol?
Que silbe el sapo con su hueco soplo
y ondule las praderas de la noche.


