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Nada más que libros – Edgar Allan Poe. El genio maldito

13 marzo, 2020 - Literatura
Nada más que libros – Edgar Allan Poe. El genio maldito

“¡Y oí un discordante clamoreo de voces humanas! ¡Resonó poderoso un toque de trompetas! ¡escuche un áspero chirriar semejante a mil truenos! ¡Las terribles paredes retrocedieron!. Una mano tendida sujetó mi brazo en el instante en que, desmayado, me precipitaba al abismo. Era la mano del general Lasalle. El ejército francés acababa de entrar en Toledo. La Inquisición estaba en poder de sus enemigos”.

Fragmento final de “El pozo y el péndulo”.

 


 

El credo literario de Edgar Allan Poe puede resumirse diciendo que toda obra debe redactarse en función de la última línea. Nació en Boston, en 1.809, y murió en Baltimore en 1.849. Hijo de actores pobres, fue adoptado por un comerciante, John Allan, de cuyo apellido hizo su segundo nombre. Vivió entre el riesgo del “delirium tremens” y la neurosis y en 1.836 contrajo matrimonio con su prima Virginia Clemm, de trece años de edad, que murió de tuberculosis en 1.847, dos años antes que el escritor. Así y todo legó una obra presidida por la lucidez y la sensibilidad, por una inteligencia que supera las relaciones de cálculo y una capacidad poética que le permitió explorar los abismos menos sospechados del hombre. Por eso su herencia es también una herencia de dolor. Su poema “El cuervo”, de 1.845, puede servir para abordar el espacio de toda su obra. De él encontramos una explicación escrita por su autor en el ensayo “La filosofía de la composición”, en el que nos dice que para escribir esta obra quiso partir de la belleza y que el tono que debía tener era el de la melancolía. Antes se había planteado el problema de la longitud más idónea , decidiendo que el centenar de versos era ideal para un buen efecto psicológico. Después, cono punto de apoyo temporal, Poe decidió introducir un estribillo breve, de sonido rotundo y lúgubre al mismo tiempo: la palabra “nevermore”, “nunca más”, repetida por un cuervo. El resultado fue “El cuervo”, cuyos detalles, dice el autor, fueron minuciosamente pensados, no dejando nada al azar. Sea como sea, el poema contiene una carga emotiva auténtica al margen de su pretendida construcción geométrica.

Sin embargo , la celebridad de Poe reside fundamentalmente en sus cuentos, en los que combinan las elucubraciones mentales y el horror necrofílico. Ejemplos de estos son “El pozo y el péndulo” y “Los hechos sobre el caso de Mr. Valdemar”; esta último nos presenta a un hombre que murió hipnotizado y mientras no le sacaron de la hipnosis no se corrompió y siguió hablando desde más allá de la muerte. Está también “El hundimiento de la Casa Usher”, cuya diferencia con los anteriores radica en su clara intención poética. Una mención aparte merecen los relatos que han pasado a la historia literaria como precursores de la novela policíaca: “La carta robada”, “El escarabajo de oro” y “Los crímenes de la Rue Morgue”. El personaje Auguste Dupin es el modelo de todos los investigadores, detectives y sabuesos que han poblado la novela policíaca, de terror, la novela negra, la novela criminal, la novela de espionaje, en una palabra, toda la novela de misterio de los siglos XIX y XX. El método y la cautela de Dupin son repetidos tanto por Rocambole como por Monsieur Llecocq, por Arsenie Lupin como por Sherlock Holmes. Y en ellos encontramos la misma hermenéutica que preside la composición de “El cuervo”. Pablo Neruda dijo: “Poe, en su matemática tiniebla” para transmitirnos el horror mental, de teorema, de vacío místico, que baña todas las obras del escritor. La imaginación debía estar gobernada por un rigor parecido al que rige a un mecanismo de relojería.

Otros relatos mencionables de Poe son “El barril del amontillado”, “Manuscrito encontrado en una botella” y “La caja alargada”. Asimismo escribió una novela, “Las aventuras de Arthur Gordon Pym, mezcla de un viaje de aventuras y de fantasía macabra. Los personajes de Poe extreman hasta lo grotesco la tendencia nocturna y melancólica de las novelas románticas y góticas. Sin embargo, la diferencia estriba en que mientras los autores románticos hacían actuar a sus criaturas mediante el empuje de la pasión o el arrebato, los héroes de Poe se distancian de sus acciones, viven por sí mismos una suerte de fatalidad que los arrastra al abismo. Aunque es innegable que toda esta escenografía – memorable es la aparición del barco fantasma en “Las aventuras de Arthur Gordon Pym” con el vigía sonriendo: sonrisa que no es más que las picaduras que los pájaros han hecho en el rostro de un espectro – fue hallada en las narraciones románticas y góticas del siglo XVIII. Bueno es retener esa palabra, “espectro”, para definir a los personajes del autor: seres descarnados, unidos a una acción más que a una personalidad, recordados más por lo que hacen que por lo que son.

Insistamos no obstante en que la parte verdaderamente importante de la obra de Poe es su poesía. La revolución antirromántica que él llevó a cabo tuvo características de cataclismo. No creía en la inspiración. Todo poema debía nacer de una programación, de una elaboración más cercana de la ciencia que del corazón. Sin embargo, Julio Cortázar tercia en esta postura cuando dice: “Es lícito sospechar, a la luz de un análisis global de impulsos y propósitos, que la relojería de “El cuervo” nace de la pasión más que de la razón, y que, como en todo poeta, la inteligencia es allí auxiliar de lo otro, de eso innombrable que se agita en las profundidades”.

Los críticos están de acuerdo en señalar el gran valor de los ensayos de Poe, que constituyen la labor de crítica literaria de mayor enjundia lograda en los Estados Unidos. Cabe mencionar la obra más representativa del género, “Eureka”, entre los innumerables textos que escribió para los periódicos. “Eureka” fue escrito poco tiempo antes de morir el poeta, con la pretensión de abarcar y desentrañar todos los misterios y designios de universo. Pero la validez científica que Poe quiso imprimirle no se ve corroborada por la demostración. El autor afirmó: “Lo que he propuesto revolucionará a un tiempo el mundo de la física y el de la metafísica. Lo digo con calma, pero lo digo”. Pese a esto, la obra tiene más valor como poema cosmogónico que intenta desentrañar los arcanos de la unidad primigenia que como aportación al mundo de las ciencias especulativas. “Eureka” funda una realidad, produce una escatología divina cuyo fundamento no es otro que el asombro producido por la razón poética. Lucidez y pasión, pues, parecen coincidir en la obra de Edgar Allan Poe; en síntesis, capacidad para sondear los recovecos de la locura y para reflexionar fríamente sobre la obra literaria.

Edgar Allan Poe murió en circunstancias desdichadas. La muerte de su esposa, en 1.847, lo había hundido más en la alucinación en la que ya vivía a fuerza de alcohol y drogas. Al final era puro dolor y torpeza para enfrentar un mundo que tenía coordenadas distintas. Las fuerzas inefables, esas que habían recorrido su obra y su fantasía, lo asediaron cruelmente en sus últimos momentos. Luchó contra las apariciones del “delirium tremens”, contra las pesadillas que poblaban sus sueños, contra todo lo que en el fondo de su espíritu encarnaba el mal del universo. La muerte, la enfermedad- que lo había separado cruelmente de su mujer- , el fin del amor, la mediocridad de una vida menos vasta que sus propios sueños, el horror, en fin, de transitar y nunca de permanecer, Todo lo que intentó reflejar en sus obras y que en su vida se vio multiplicado, condenándolo a un infierno más real que el que le pronosticaba su destino. Antes de morir era uno más de sus personajes: un espectro asombrado frente al infinito.

 

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