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Nada más que libros – Poesía en la Guerra Civil

14 febrero, 2020 - Literatura, Poesía
Nada más que libros – Poesía en la Guerra Civil

“No tenemos otra obligación que gritar, gritar hasta enronquecer, para que nos oigan en el último rincón del mundo. Como sea, con la pluma, con el pincel, con el lápiz, con la palabra, pero gritar tan fuerte que nuestro eco quede vibrando en el aire eternamente. Esta es nuestra misión.”

Santiago Ontañón.

 

 

 


La literatura de la guerra civil tiene una condición muy particular: su carácter de urgencia. En las dos zonas, pero sobre todo en la republicana, los escritores se sintieron apremiados por la necesidad de producir rápidamente textos convincentes, de gritar su convencimiento por todos los medios puestos a su disposición. El tipo de poesía nacido en una guerra, la de Troya, floreció de una manera singular entre los combatientes de los dos bandos, pero sobre todo, como hemos dicho, en el republicano. Rápidamente circularon poemas anónimos, y estas coplas elementales, con reminiscencias del antiguo folclore tradicional, eran fáciles de memorizar. Desde los primeros momentos se insertaron poemas en las publicaciones de los frentes, y entre los republicanos, desde agosto de 1.936 la revista “El mono azul” empezó a canalizar la producción. A los poetas “profesionales”, como Alberti, Antonio Machado y Miguel Hernández, se añadieron las voces populares, los poetas anónimos; surgieron nuevos nombres, y eso constituye un elemento fundamental del estallido poético de la guerra. Todos juntos colaboran a formar este nuevo romancero.

El romancero comenzado en “El mono azul” salió en un libro titulado “Poesía de guerra” editado en 1.936, y luego en una edición preparada por Manuel Altolaguirre, del mismo año: “Romancero de la guerra civil”. Su edición definitiva, “Romancero general de la guerra de España”, de 1.937, seleccionada por Emilio Prados y dedicada a García Lorca, comprende más de trescientos poemas de autores conocidos, otros de desconocidos y algunos anónimos. Se menciona a menudo este primer “romancero” de la guerra por ser el más difundido, pero a los largo de numerosas investigaciones se han podido recopilar más de cincuenta colecciones de poesías con ese nombre o con el de “cancionero”, publicados no solamente en España, sino por todas partes del mundo. Además de estas colecciones de poesías, hay que insistir en las obras de unos poetas especialmente prolíficos y valiosos. Empezaremos con Rafael Alberti que ha dejado poemas inolvidables, , reunidos en “Madrid, capital de la gloria” de 1.937. Estas composiciones , de muy diversas medidas, en las cuales la libertad parece ser la norma, están dedicadas a una gran riqueza de temas, si bien todas giran alrededor de la guerra: los soldados, los campesinos, la resistencia civil, los miembros de las Brigadas Internacionales, el general Kleber, García Lorca, etc. Vamos a leer unas estrofas de un poema dedicado a las Brigadas Internacionales:

“Venís desde muy lejos…….Mas esta lejanía,
¿qué es para vuestra sangre, que canta sin fronteras?
La necesaria muerte os nombra cada día
no importa en que ciudades, campos o carreteras.”

Alberti y Miguel Hernández

Antonio Machado, defensor desde siempre de la libertad, ya mayor en 1.936, fue, sin embargo, uno de los primeros en colaborar con la República en toda clase de publicaciones, y particularmente en “Hora de España”. Asimismo firmó declaraciones, habló por la radio etc. El primer poema de Antonio Machado durante la contienda fue dedicado a la muerte de otro poeta, Federico García Lorca; salió en el semanario “Ayuda” en Octubre de 1.937, y dio pronto la vuelta al mundo. Esta considerado por muchos como uno de los mejores de Machado en sus últimos años y fue también uno de los más estremecedores y de mayor valor lírico entre los muchos compuestos en el mundo a la memoria del poeta del “Romancero gitano”:

“Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
Que fue en Granada el crimen
sabed – ¡pobre Granada! – en su Granada.”

Aleixandre, Cernuda y Lorca

Antonio Machado abandonó Madrid en Noviembre de 1.936, aconsejado por Alberti y León Felipe; vivió en Rocafort, a unos kilómetros de Valencia, hasta Marzo de 1.938, y se trasladó después a Barcelona. A principios de 1.939, formó parte del éxodo que pasó a Francia, y murió, el 22 de Febrero, en un oueblo cercano a la frontera, Collioure. Final quizá más trágico aún tuvo otro gran poeta, Miguel Hernández. Para muchos este encarna, simboliza, lo más auténtico de la literatura republicana durante la guerra civil. Como otros tantos intelectuales se incorporó al ejercito republicano, y se le vio luchar en Jaén y Teruel; posteriormente fue comisario de cultura de las fuerzas de “el Campesino”. Su producción literaria creció entonces y se hizo caudalosa: escribió poemas, teatro, textos en prosa, etc..Ya en 1.937 apareció en Valencia su espléndido libro “Viento del pueblo”, dedicado a Vicente Aleixandre. También en él constatamos la primacía de la figura de Lorca, y a esta elegía siguieron varios poemas dedicados a los obreros y al trabajo, a la injusticia social y a otros muchos aspectos de la propia guerra. Una estrofa del arrollador poema que da título al conjunto es:

“Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta”.

No menos emocionante es la “Canción del esposo soldado”, que puede colocarse entre los mejores poemas amorosos de la literatura española:

“Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo”.

 

León Felipe

Antes de terminar la contienda aún terminó Hernández “ El hombre acecha”, y, una vez derrotada la República, recorrió varias cárceles; enfermo desde hacía tiempo, su salud empeoró y por fin murió en la prisión de Alicante el 28 de marzo de 1.942. Su “Cancionero y romancero de ausencias”, escrito entonces, deja ver el paroxismo de su dolor, de su capacidad de conmover y de su capacidad creadora. Hay que mencionar los nombres de otros poetas que serían dignos de ser glosados con más amplitud: León Felipe, Emilio Prados, José Herrera Petera, Pedro Garfias, Rafael Dieste, Luis Cernuda, José Moreno Villa, José Bergamín y un largo etcétera.

 

 

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