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Nada más que libros – Réquiem por un campesino español (Ramón J. Sender)

10 mayo, 2019 - Literatura
Nada más que libros – Réquiem por un campesino español (Ramón J. Sender)

“…Llegó a la aldea un grupo de señoritos con vergas y con pistolas. Parecían personas de poco más o menos, y algunos daban voces histéricas. Nunca habían visto gente tan desvergonzada. Normalmente a aquellos tipos rasurados y finos como mujeres los llamaban en el carasol “pijaitos”, pero lo primero que hicieron fue dar una paliza tremenda al zapatero, sin que le valiera para nada su neutralidad. Luego mataron a seis campesinos – entre ellos cuatro de los que vivían en las cuevas – y dejaron sus cuerpos en las cunetas de la carretera entre el pueblo y el carasol. Como los perros acudían a lamer la sangre, pusieron a uno de los guardias del duque de vigilancia para alejarlos. Nadie preguntaba. Nadie comprendía. No había guardias civiles que salieran al paso de los forasteros…”

RÉQUIEM POR UN CAMPESINO ESPAÑOL – Ramón J. Sender

 

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Hoy comentaremos una breve novela de Ramón J. Sender, “Réquiem por un campesino español”, que fue publicada en México en 1.953 con el título “Mosén Millán”, y luego en Nueva York, en 1.963, ya con el título actual.

Pocos escritores como Ramón J. Sender Garcés, nacido en Chalamera de Cinca (Huesca) el 3 de Febrero de 1.901, han hecho perdurar tan bellamente en su memoria y en su obra los lugares de la infancia y de la adolescencia. Desfilaron por sus libros, en especial por “Crónica del alba”, los recuerdos natales de Chalamera, los infantiles de Alcolea, Tauste y Alcañiz, o los juveniles de Zaragoza y Huesca. Tras esa primera juventud en la que se estrenó como periodista novel a través de incursiones en la prensa local (La Crónica de Aragón, El Pueblo) y aun nacional (España Nueva, El País), el servicio militar, en 1.922, supuso para Sender el descubrimiento del Marruecos colonial en guerra, reciente todavía el desastre de Annual en 1.921. Vivió y dió cuenta de aquel bochorno, símbolo de las miserias de un país caciquil y atrasado. De allí surgieron las inquietudes y las vivencias que lo llevarían de la mano, primero a sus colaboraciones en “El Telegrama del Rif” y la escritura de “Una hoguera en la noche”, y años más tarde a su novela “Imán”, libro que hoy leemos como uno de los mejores de su tiempo. En 1.924 trabajó como periodista en el diario “el Sol” principal periódico de la época. A la vez el autor se aproximó a los círculos intelectuales y políticos enemigos de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. En el Ateneo, en las numerosas tertulias de Madrid, conoció y fue conocido de todo el mundo. Incluso estuvo en la carcel como conspirador contra el régimen. Durante esa época el joven Sender se inclinó por los libertarios y abandono El Sol para escribir en el diario cenetista “Solidaridad Obrera”, de Barcelona. El éxito de “Imán” le puso a la cabeza de la llamada “novela social”. En la década de los 30 publica obras tan importantes como “O.P.”, 1.931; “Siete domingos rojos”, 1.932 y “La noche de las cien cabezas” de 1.934. En Enero de 1.933, enviado por el periódico La Libertad, escribe un reportaje acerca de la sangrienta represión policial de la insurrección campesina de Casas Viejas. Por entonces se acerca a las posiciones políticas comunistas convencido de la eficacia revolucionaria soviética. La publicación de “Mr. Witt en el Cantón” en 1.936, galardonada con el premio Nacional de Literatura y escrita en apenas un mes, Sender se ha convertido en un ejemplo de escritor comprometido y en el autor joven de más porvenir en España, junto con García Lorca, tal como declaró entonces Pío Baroja. Al estallar la guerra civil, Sender perdió a su mujer, Amparo Barayón, y a su hermano Manuel, antiguo alcalde de Huesca, fusilados ambos por los rebeldes. Escribió obras de urgencia como “Contraataque, en 1.938, y sintiéndose solo, fugitivo y superviviente tuvo que hacer frente al acoso de algunos jerarcas comunistas que recelaban de él. Participó, pese a todo, en muchos actos de propaganda republicana y logró recuperar y evacuar a sus dos hijos, Ramón y Andrea. Exiliado en Francia, tras un tiempo decidió expatriarse a los Estados Unidos. Comenzaba un largo exilio en el la soledad, la culpa y la conciencia de ser acusado de algo que ignoraba convirtieron a Sender en Federico Saila, el enigmático protagonista de “Proverbio de la muerte”, de 1.939, que más adelante se titularía “La esfera” en 1.947, en una nueva versión ampliada. La distancia, la necesidad de la memoria, la reflexión sobre el pasado cercano, la obsesión por la violencia, propiciaron la creación de novelas fundamentales en la literatura española del siglo XX: “Epitalamio del prieto Trinidad”, 1.942; Crónica del alba”, 1.942; El rey y la Reina”, 1.949; “El verdugo afable”, 1.952 y “Réquiem por un campesino español” (el “Mosén Millán” de 1.953 y la versión retitulada en 1.960. Fue español de ambos mundos, el americano de cada día y el español de su recuerdo. Sobrevivía como profesor de literatura española al tiempo que maquinaba sus peculiares figuraciones acerca del sentido de la existencia trascendente, lo que iba tomandola forma de relatos, novelas, dramas, poemas, ensayos, etc., siempre de designio universal. Eso convirtió a Ramón J. Sender en uno de los autores españoles más traducidos a otras lenguas. En el decenio de los setenta, cuando por fin se publicaban sus libros en España, con multitud de reediciones, retornó del exilio en dos ocasiones, 1.974 y 1.976. Moriría, sin embargo, en San Diego, California, durante la noche del 15 al 16 de Enero de 1.982 y sus cenizas fueron dispersadas en el océano Pacífico. Nos quedan sus libros, una obra extensa que han convertido a Ramón J. Sender en un clásico de la literatura española del siglo XX.

 

 

Esta breve novela narra la vida del recordado Paco “El molinero”, rememorado, durante los minutos anteriores a una misa de difuntos por el cura del pueblo Mosén Millán. Es la vida de Paco y su dramatica muerte como un episodio de la guerra civil. El cura va a oficiar una misa por el alma de Paco, y solo asistirán a la ceremonia las tres personas ricas del pueblo: Don Valeriano, el alcalde; Don Gumersindo y Don Cástulo, en cuyo coche viajaron Paco y su mujer hasta el ferrocarril en su viaje de novios. Es un pueblo aragonés cerca de la raya de Lérida, en el segundo año de guerra. Fue Mosén Millán quién bautizo a Paco y luego lo tuvo junto a él como monaguillo, y le enseñó junto a las oraciones las primeras actitudes de rebeldía contra la pobreza. Fueron juntos una vez a dar la extremaunción a un hombre que vivía en una cueva desasistido de todo poruqe su hijo se hallaba en la cárcel por motivos políticos, y Paco descubrió las miserias humanas y fue consciente de la necesidad de luchar contra ellas. Luego se casó, fue elegido como concejal y luchó contra los abusos llevando a la práctica lo que durante tiempo había estado pensando: recuperó para el pueblo tierras de los ricos e introdujo mejoras en las condiciones de vida de los habitantes de las cuevas. Un día de Julio apareció de señores con pistolas y se hicieron por la fuerza con el pueblo. La guerra había estallado. Eliminaron a los concejales, implantaron su ley y buscaron a los cabecillas. El pueblo perdió la alegría. Paco tuvo que ocultarse. Sólo el cura conocía su escondite y, asustado, creyendo que así le salva la vida (no te harán nada, le decía, te juzgarán delante de un tribunal, y si tienes culpa irás a la cárcel. Pero nada más) lo denuncia y el mismo lo confiesa el día que lo fusilan sin el prometido juicio: “a veces, hijo mío, dios permite que muera un inocente”, le dice Mosén Millán, que se arrepiente de haberlo denunciado: “me han engañado a mí también. ¿qué puedo hacer?. Piensa , hijo, en tu alma , y olvida, si puedes, todo lo demás”. Ni el padre de Paco, que está enfermo, ni las mujeres de la casa, medio enloquecidas, ni las gentes del pueblo, miedosas o desalentadas, acuden al funeral de Paco el molinero, pero si se presenta en el templo el potro del recordado que llevaba un año relinchando suelto por el pueblo. Junto a él, y de manera tan imprevisible, los hombres más ricos del pueblo, enemigos de Paco y responsables indirectos de su muerte. Los tres quieren pagar la misa de réquiem, pero Mosén Millán no lo acepta. El monaguillo ha estado canturreando unas coplas con que la memoria popular, a modo de coro griego, cuenta densamente lo ocurrido. Liberados del potro, comienza la misa y concluye el relato. Quería mosén Millán dar a los parientes de Paco un reloj y un pañuelo de la víctima pero éstos tampoco han venido a recogerlos.

Se puede decir que esta narración transcurre en tres tiempos. En el momento presente, cuando el cura se dispone a decir una misa por Paco el del Molino, el joven campesino al que bautizó y que luego fue su monaguillo, al que casó y al que acabaría por delatar y asistir a su ejecución; un año atrás de entonces, con el recuerdo de aquellos días terribles de la delación y prendimiento y su asesinato. Y, finalmente la rememoración en la vieja sacristía del nacimiento, infancia y crecimiento del campesino que después del 14 de Abril acabará con el dominio señorial de aquel duque ausente, dueño de los pastos del monte, cuando Paco dirá: “Vamos a quitarle la hierba al duque”

“Réquiem por un campesino español”, es una de esas obras perfectas que los grandes autores nos regalan en su madurez creadora. Tal como “El viejo y el mar” de Hemingway, “La perla” de Steimbeck, “Los santos inocentes” de Delibes, “Crónica de una muerte anunciada” de García Marquez o “El duelo” de Conrad, y otras. Una obra maestra grande, aunque por su tamaño pueda parecer pequeña o corta.

 

 

 

Un pensamiento sobre “Nada más que libros – Réquiem por un campesino español (Ramón J. Sender)

FERNANDO

Siempre he preferido su título original: Mosén Millán. Porque nos sitúa mejor en el centro de gravedad moral del cuento: la traición. Penetrante e intenso Sender.

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