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Nada más que música – Pop español – IV

12 abril, 2019 - Música
Nada más que música – Pop español – IV

Mientras en 1969, el astronauta Neil Armstrong coloca el pie en la Luna y unas 250 mil personas marchan sobre Washington en protesta por la guerra de Vietnam y en Londres, los Beatles realizan su última actuación en público en el tejado de su discográfica, Apple Records, concierto interrumpido por la policía, en España íbamos a lo nuestro: Nos retiramos de forma vergonzante del Sahara, la dictadura de Franco dicta la ley marcial en Madrid, se cierra la universidad y son arrestados más de 300 estudiantes, en Asturias 25.000 mineros se declaran en huelga y, por último y por no aburrir, el gobierno español acuerda el cierre total de la frontera con Gibraltar.

 

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Pero la música, infatigable y arrolladora, sigue adelante. Y por supuesto, también en España. Y estos que están sonando ya y que lo hicieron machaconamente en la época son… Los Iberos.

Los Íberos fueron una banda formada en Torremolinos que obtuvo un gran éxito entre 1968 y 1970. Su estilo estaba muy influenciado por el beat y, sobre todo, por el pop barroco. Se disolvieron en 1973.
Su formación clásica estaba compuesta por Enrique Lozano a la guitarra solista y voz principal, Adolfo Rodríguez a la guitarra rítmica y coros, Cristóbal de Haro al bajo y coros, y Diego Cascado Sepúlveda a la batería.
El malagueño Enrique Lozano había militado, desde 1961, en una orquesta española con la que nunca llegó a grabar. Con sus compañeros de orquesta, entre 1964 y 1966, Enrique recorrió el circuito de clubs de Francia, Alemania y Reino Unido, llegando a compartir escenarios con otros grupos de la época como The Rolling Stones y Scorpions.
Cuando vuelve a España, a mediados de 1966, decide montar una banda con nuevos componentes con la que poner en práctica lo aprendido -sobre todo en la escena británica- y lo hace influenciado por grupos como The Kinks, The Hollies o The Move.

El grupo consiguió fichar con la discográfica Columbia y publican sus primeros sencillos y un álbum (grabado enteramente en el Reino Unido) con los que entran en los primeros puestos de las listas de ventas nacionales.
Entre 1968 y 1970 el grupo alcanza el cenit de su trayectoria con éxitos como Summertime Girl, Las tres de la noche (ejemplo prototípico de pop barroco a la española, en el que incluso la letra imita las composiciones líricas del siglo XVII), Participaron en dos películas (“Un, dos, tres, al escondite inglés” y Topical Spanish). Pero, con el cambio de década y la llegada de nuevas modas y tendencias como el rock progresivo y el rock sinfónico, la banda va espaciando sus producciones y perdiendo popularidad. Este es su éxito Las tres de la noche.

Un nefasto accidente de tráfico tras una actuación, en el que murió el chófer, Enrique Lozano quedó con graves secuelas y truncó el destino de la banda. Más tarde Cristobal y Diego debieron marcharse para realizar el servicio militar obligatorio, siendo sustituidos por Pepe Castillo y Enrique Pérez.
En 1973 publican su último sencillo y se disuelven. El guitarrista Adolfo Rodríguez se unió a otros tres músicos procedentes de Solera para formar Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. El resto de Los Íberos también continuó en el sector musical, pero como músicos de estudio o acompañamiento de otros artistas.
Y una curiosidad, en 2017, el batería Pepe Castillo, debuta como escritor publicando la novela El color de los sueños. Y dejamos a Los Iberos con su canción más popular: Summertime Girl

 

 

Fue en el año 1969 cuando se desató aquel espectacular y ridículo escándalo con la canción “Je t’aime, moi non plus”, de Jane Birkin. Compuesta por su marido de entonces, Serge Gainsbourg, se editó en España en este año y fue todo un bombazo. Seguramente habían pillado dormidos a los censores que autorizaron su publicación sin ningún reparo… hasta la oyeron en todas las emisoras del país. Aún así, la edición fue retirada de las tiendas pero ya se habían vendido más de 100.000 copias.

 

 

 

Otro que tenía serios problemas con la censura era Joan Manuel Serrat. Todavía estaba muy reciente su espantada del Festival de Eurovisión del 68. Pero fue en este año 69 cuando el artista creó una de sus mejores obras: “Dedicado a Antonio Machado, poeta”, 12 canciones, cantadas en castellano, con música del propio Serrat en 10 de los cortes y de Alberto Cortez en los dos restantes. Este es su tema principal: Cantares.

El disco se presentó en el cine Carlos III, de Madrid, en un recital en directo que tuvo un éxito apoteósico. En este recital se produjo un accidente que pudo costarle caro a Serrat. Era un recital difícil, con el peor público posible para un estreno ya que estaba compuesto casi en su totalidad por los medios de comunicación de la época. Comenzó el concierto, y ya iban por la cuarta o quinta canción cuando los focos del escenario cegaron al cantante que, para eludirlos, dio un paso al frente y cayó al foso de los músicos.
Todo el teatro se puso en pie para conocer el alcance de la caída hasta que, con un hilo de voz, se oyó a Serrat recitando desde el fondo de foso: “…se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar…” La ovación fue tremenda e inolvidable.

Hemos comentado que dos de las canciones de este álbum eran versiones que Serrat hizo de poemas de Machado pero con música de otros autores. Este es un bello ejemplo, Las moscas, con música de Alberto Cortez.

Hay en este trabajo sobre la obra de Machado un poema que, a mi, me gusta especialmente, se trata de Llanto y Coplas. Se trata de un obituario satírico que retrata a la perfección al personaje del señorito ocioso y mujeriego, que sólo piensa en montar a caballo y asistir a las corridas de toros, como ahora. Ya desde el principio del poema se aprecia el tono burlón con el uso del “Al fin”. En general, es una crítica a los aristócratas de su tiempo. Y no os recuerda a algún personajillo de la prensa del corazón de hoy?

 

 

Tras la disolución de Los Bravos, motivada en gran medida por la muerte de su teclista Manolo Fernandez y por el fracaso de sus campaña de marketing para encontrar sustitutos, Mike Kennedy inició su carrera en solitario, una carrera que prometía una cadena de éxitos inmediatos. Transcurrido el primer periodo de su periplo quedó de manifiesto que, sin el grupo, Mike Kennedy tenía poco que ofrecer. De hecho, no ha quedado constancia en listas ni en eventos de su andadura, escasamente un par de versiones, La lluvia, de Gigliola Cinquetti o esta otra Que te quiero, de Johnny Hallyday

 

Ya hemos visto que no corrían buenos tiempos para la lírica en aquellos días de 1969 y 1970. En este último año se produjo el proceso de Burgos y la terrible acción de un joven vasco que se lanzó, envuelto en llamas, sobre el estrado en el que se encontraba Franco en el frontón de Anoeta. Bien, pues en este mismo año fue también el de “Castañuela 70”, un espectáculo dramático musical de un eficacia demoledora que representaron durante solo un mes, justo el tiempo que tardó la censura en darse cuenta de lo que estaban haciendo, el grupo de teatro Tábano y Las Madres del Cordero.
Este último grupo, Las Madres del Cordero, nacio en 1970. La banda estaba liderada por Moncho Alpuente. Su estilo musical estaba encasillado en el género folk y marcado por la sátira y el cachondeo que formó parte del mítico montaje teatral.
Las Madres del Cordero – A beneficio de los huerfanos

En 1972 pasan a llamarse Desde Santurce a Bilbao Blues Band. Lanzan un single para la compañía Explosión titulado “El ídolo” soliendo actuar en universidades, colegios mayores y algún festival.
Su obra más aclamada vio la luz al año siguiente con “Vidas Ejemplares” que cuenta con colaboraciones de varios artistas de lujo como Massiel, Vainica Doble, Hilario Camacho o Luis Eduardo Aute.
El grupo acabó por disolverse en 1975.

 

Vainica Doble, dúo formado en los 70 por Carmen Santonja y Gloria Van Aerssen, fueron la pareja artística más prolífica del panorama musical español gracias a su faceta de compositoras y de intérpretes.
Compusieron canciones para la película Carola de día, Carola de noche de Marisol y para Furtivos, de José Luis Borao. También para programas de televisión como la serie Fábulas, Tres eran tres, Juncal o Celia. Pero, sin duda, se lleva el primer premio la sintonía de Con las manos en la masa que cantan al alimón con Sabina. El programa estaba presentado por Elena Santonja, hermana de Carmen, y buscaba recuperar la cocina bien hecha y abundante como ella misma decía. En el primer programa, fríen un huevo, cocinan lentejas y recitan a Emilia Pardo Bazán. Asi eran ellas.

 

 

Hemos pasado, como de puntillas, por un nombre importante en la música española. Hablamos de Hilario Camacho.

Hilario Camacho, compositor y cantante, de carácter profundamente melancólico y depresivo, dejó escrito poco antes de su muerte que sabía que vivíamos en un mundo lleno de estafadores. Fuera por su carácter o por su música, Camacho no llegó a encajar en la generación de cantautores politizados de los años 70 y se convirtió en una trovador de culto, apoyado por cierta prensa especializada. Nacido en el barrio madrileño de Chamberí el 8 de junio de 1948, grabó una decena de discos, algunos de ellos muy apreciados pese a su discreción comercial.
Especialmente interesante es su álbum De Paso, un disco que ha sido reivindicado décadas después por las revistas musicales Rockdelux y Efeeme, que lo incluyeron entre los mejores discos españoles del siglo XX. A este trabajo pertenece la preciosa canción, con música de Camacho, sobre unos versos de Antonio Machado, El agua en sus cabellos.

 

 

El autor de una de las canciones más bonitas de la historia de la música española es Joan Baptista Humet. Humet fue un cantautor de emociones muy respetado en toda España. Se dijo de él que tenía la capacidad de con pocas palabras explicar una larga historia, una gran capacidad de síntesis de los sentimientos de la vida, que en cuatro estrofas te hacía un retrato de una persona. Y la muestra más clara de esta cualidad es la canción a la que hacíamos referencia, Clara.

Fue uno de los referentes de la música de autor de los setenta, años de cantautores, años de Serrat, de Llach, de Nino Bravo, de Cecilia, de Joan Baptista Humet. De Clara, de Hay que vivir, de Gemma y de tantas otras canciones que quedarán para el recuerdo.
Sin embargo, en 1986 decidió dejar la música de lado, necesitaba nuevas ilusiones y desapareció. Tanto que en dieciocho años no se supo de él. En 2004 volvía a la música sin hacer mucho ruido, y Sólo bajé a buscar tabaco fue la excusa perfecta para su regreso, un disco que había comenzado en 1986 pero que en aquella época no se lo quisieron publicar. Era su forma de decir que había vuelto.
Falleció el 30 de Noviembre del 2008, con tan solo 58 años. Pero nos lo dejó escrito: Hay que vivir

 

 

Una canción que nos marcó a fuego en aquella época fue L’estaca, de Lluis Llach
Esta canción, que se ha traducido a multitud de idiomas, ha llegado a popularizarse tanto que en muchos sitios se considera autóctona. Fue compuesta en plena dictadura del general Franco en España y es un llamamiento a la unidad de acción para liberarse de las ataduras, para conseguir la libertad.
La canción cuenta, mediante la metáfora de la atadura a una estaca, que la libertad se consigue con la ayuda de todos.
«¿No ves la estaca a la que estamos todos atados?, Si no conseguimos deshacernos de ella nunca podremos caminar, si tiramos fuerte, ella caerá (…) Si yo tiro fuerte por aquí y tú tiras fuerte por allí, seguro que cae, cae, cae, y nos podremos liberar».

Bien, pues hemos llegado al final de este programa. Hoy hemos visto un poco de todo. Espero que os haya gustado. La música española da mucho de si y creo que, con el paso del tiempo podemos valorar mejor cosas que, a lo peor, en su momento, no supimos ver. Podemos reivindicar a artistas, denostados en su momento y revalorizados hoy.
En fin, gracias a todos por vuestra atención, volvemos la próxima semana y hasta entonces… BUENAS VIBRACIONES.

 

 

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