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Nada más que libros – La gata (Colette)

29 marzo, 2019 - Literatura
Nada más que libros – La gata (Colette)

“…Camille se iba, guardándose de tenderle la mano, aunque, bajo la arcada vegetal podada, se atrevió a rozarle vanamente con sus senos embellecidos. Una vez solo, se desplomó en una butaca y, muy cerca de él, en la mesa de mimbre, la gata apareció prodigiosamente. Una curva de la alameda, una brecha en el follaje, permitieron a Camille ver a distancia a la gata y a Alain. Se detuvo en seco, sintió un impulso como para volver sobre sus pasos; pero sólo vaciló un instante y se alejó más presurosa por si Saha, en acecho, seguía humanamente su partida. Alain, medio tendido en el suelo, jugueteaba, con mano hábil y encogida como una pata, con las primeras castañas de agosto, erizadas y verdes…”

 

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Buenas tardes, amigos. La novela que hoy nos ocupa, novela corta o relato largo, es “La gata” de Colette, publicada en 1.933, una escritora que fue una mujer adelantada a su época. Era tan extraordinaria que, a pesar del tiempo transcurrido, su obra y su legado continúa vigente.

Sidonie-Gabriel Colette, nació en un pequeño pueblo, Saint-Sauveur-en-Puysage, en el año 1.873. La niña tuvo una infancia y adolescencia felices hasta que su padre se arruinó y la familia tuvo que cambiar de ciudad. La madre librepensadora y atea, mandó a su hija a la escuela pública, le inculcó el hábito de la lectura y la alejó de las sotanas.El primer marido de Colette, Henry Gauthier-Villars, apodado Willy, era un vividor diletante, periodista, crítico musical y novelista popular, que aportó, efímeramente, al matrimonio un hijo fruto del adulterio con una muy notable señora casada.El tal Willy era un era un aprovechado mundano, amigo de la crema intelectual parísina, que disponía de negros para elaborar sus libros. Colette tenía 20 años cuando se casó con él, en 1.893, y fue su Pigmalión y su explotador. Viendo en ella condiciones, la animó a escribir y él firmó con su propio nombre los libros de ella.Así surgió la saga de “Claudine” un éxito inmediato: cinco novelas que evocan la niñez y juventud de Colette, publicadas entre 1.900 y 1.907. Divorciada de Willy, en 1.912 Colette se casa con Henry de Jouvenel, redactor-jefe de “Le Matin” y comienza una carrera de periodista que le llevaría a ser reportera y crítica de teatro.Colette y Jouvenel tuvieron una hija en 1.913, pero debido a las continuas infidelidades, su matrimonio se torció definitivamente cuando Colette se lió con un hijo anterior de Henry, Bertrand, que tenía 17 años. Ella andaba por los 40. La pareja se divorcia.

Una de las más célebres novelas de Colette, Chéri, de 1.920, que trata de la relación de una mujer madura y un joven amante, fue llevada al cine, y eso incrementó aún más su fama. Entre elcine y la televisión, hay más de 20 películas realizadas a partir de relatos de la autora, que también escribió teatro y escribió guiones para el cine, en los años treinta, para directores tan importantes como Max Ophüls o Marc Allégret. En 1.944 su novela “Gigi”, tuvo una adaptación teatral, una película francesa y una versión cinematográfica dirigida en 1.958 por Vincente Minnelli e interpretada por Leslie Caron, que supuso la guinda definitiva a su consagración. Colette fue una mujer muy activa: distintos pisos en París, viajes por Africa, Europa, incluida España y Estados Unidos, etc. conformando un talante inquieto y mundano. Con su tercer marido Colette adquirió cierta estabilidad. Maurice Goudeket, con quién se casó en 1.935, un judío al que Colette salvó de las garras de los nazis gracias a Sacha Guitry, estuvo a su lado, con su hija, en su lecho de muerte, cuando Colette falleció en París en 1.954, después de soportar años una artritis de cadera que, al final, la mantuvo inmovilizada hasta su muerte.

 

 

En la novela corta “La gata”, publicada en 1.933, los recién casados Camille y Alain podrías formar una pareja aparentemente feliz. Mas las exigencias de Camille y la debilidad de Alain no tardan en agriar la paz y la ilusión del matrimonio; Alain no tiene más ojos que para Saha, la gata, de la que dice comprender el lenguaje y con la que mantiene unas relaciones cada vez más vidriosas, hechas de complicidad íntima y de sensualidad reprimida. Camille es una chica moderna, de las que se habían cortado el pelo y las faldas y bailaban el charlestón fumando pitillos ensartados en largas boquillas telescópicas; a ella le fascina conducir su coche, un bonito descapotable de dos plazas y asiento trasero escamoteable, el “roadster”; dos seres, un animal y un objeto tradicionalmente erotizado componen los ingredientes esenciales de un pequeño drama interior que ya ha tenido lugar al principio de la obra, sin que lo sepan los personajes y el lector. En efecto, aquí los papeles están intercambiados desde la primera página y, lo que agrava más el caso, cada personaje proyecta sus fantasmas más íntimos sobre algo que no es el otro miembro de la pareja. Para Alain, Saha es fascinante porque constituye el referente a partir del cual puede reconocerse a sí mismo, estructurar su personalidad y encontrar un frágil equilibrio. Para Camille, el “roadster” materializa su voluntad de poder, sirve para evidenciar sus notables ansias de autonomía, mientras la gata simboliza crecientemente la imposibilidad de realizarse como mujer al lado de su marido. Paulatinamente, el escaso interés que sienten el uno por el otro dejará lugar a un amargo sentimiento de incomprensión y carencia afectiva, que ambos interpretan como desprecio, y que les llevará a sopesar las razones por las cuales no hubieran debido casarse nunca.

Esta breve narración de Colette es representativa de los dos grandes ejes de su obra: su acercamiento al mundo de los animales (“Diálogo de animales”, 1.904; “Gatos”, 1.950) y su interés por los problemas de la pareja (“Cherí”, 1.920). “La gata” reproduce un poco el tema obsesivo de Colette: nunca se olvida un verdadero amor y en cualquier pareja siempre late en discordia un tercer corazón. La obra no interesa tanto por el argumento ni por la ambientación, pues ambos elementos quedan reducidos al mínimo, como por la sutileza y penetración con que se analiza una simple desavenencia conyugal, desde el punto de vista de la gata. La autora no pretende más que sugerir al lector, mediante rápidas pinceladas, lo que está pasando. De modo que no presenciamos un juicio, sino que asistimos a una dilatada y educada escena matrimonial cuyas causas profundas debemos entresacar de su propia interpretación del texto. Con el estilo sabroso, sensual y punzante que caracteriza el arte de Colette ésta parece ser la razón última del éxito que merecen aún sus obras: la autora se enzarza con el lector en un intercambio de confidencias, conversación a media luz en la que las cosas se dicen y entienden a medias palabras.

Para terminar, decir que es en la personalidad misma de la escritora donde se hayan las razones del arte que le permitió escribir “La gata”, o mejor, en la tipología humana que le corresponde, si no felina, al menos emparentada con el misterio afectivo que envuelve a estos animales. Toda la obra de Colette, aún las más superficiales, está empapada de un ahínco de perversidad que sólo redime la contrapartida de virtud que también existe. Deseo que sean felices, y hasta el próximo programa.

 

Un pensamiento sobre “Nada más que libros – La gata (Colette)

FERNANDO ALCAINE

Deliciosa, exquisita Colette.

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