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Nada más que música – La Psicodelia

22 marzo, 2019 - Música
Nada más que música – La Psicodelia

Rabiamos dejado nuestra pequeña historia de la música pop en el mundo hippy, con sus luces estroboscópicas, luces negras, técnicas láser, proyecciones de colores y desarrollos musicales con temas de larga instrumentación. Bueno, pues todo esto, favoreció que, paralelamente, surgieran grupos identificados con estas nuevas formas de conciertos y un paso más lejos de la esfera hippy. En Londres el fenómeno tuvo un hondo calado desde finales de 1966 y se prolongó a lo largo del 67.

 

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El primer concierto de música psicodélica se celebró el 29 de abril de 1967 en el Alexander Palace de Londres, y en él actuaron como nuevos grupos Pink Floyd y Soft Machine, además de una desconocida artista japonesa llamada Yoko Ono.

Esto ha sido The Piper at the gates of dawn, The Pink Floyd Sound, corte principal de su disco debut, lanzado el 5 de agosto de 1967. Este disco fue uno de los primeros en explorar el rock psicodélico, junto con Sgt. Pepper’s de The Beatles y lo cierto es que se le considera uno de los LPs más influyentes de la historia del rock psicodélico.
Pink Floyd fue formado por tres estudiantes de arquitectura: Roger Waters, Richard Wright y Nick Mason. Se consolidaron cuando se les unió un genio musical llamado Syd Barret, un tipo inclasificable y visionario. Él cambió su orientación y les bautizó con su nombre definitivo.
Pink Floyd – Wish You Were Here

El cuarteto frecuentó clubs y festivales como el Spontaneous Underground, y rápidamente dio que hablar. Debutaron discográficamente en 1967 y se codearon con Cream, Jimi Hendrix, lo mejorcito. Todo un espaldarazo. Por desgracia, al poco de editarse su primer LP, Syd Barrett tocó fondo. Sus escarceos con las drogas y su frágil moral le hundieron. Entró David Gilmour a la guitarra y durante un breve lapso de tiempo fueron cinco, hasta que Syd tuvo que apartarse definitivamente.
Con la publicación de A Saucerful of Secrets en 1968, el estilo de la banda dio un giro debido a la salida de Barrett y a la entrada de Gilmour. Definido como un álbum de transición, en él se mezclan las canciones psicodélicas semejantes a las firmadas por Barrett y piezas más experimentales, con influencias de la música clásica y que ayudaron a marcar el posterior sonido de Pink Floyd.

 

Con The Wall, la supremacía de Waters en la creatividad de Pink Floyd se hizo claramente patente. Con todo, es uno de los discos más famosos de la discografía de la banda y uno de los más vendidos de la historia. El disco es una ópera rock basada en una estrella de rock que se aísla del mundo a base de consumir drogas, construyendo un muro a su alrededor. Aunque Waters lo haya negado varias veces, el álbum parece una autobiografía suya, puesto que el protagonista, llamado «Pink», guarda numerosas similitudes con él. El disco está compuesto básicamente por canciones cortas de uno, dos ó tres minutos aproximadamente, unidas con piezas más largas . La canción «Another Brick in the Wall» se alzó rápidamente como la canción más representativa del disco y una de las más conocidas del grupo, con un característico coro de niños cantando la línea «We don’t need no education». Esta frase luego sería criticada y caricaturizada por artistas como Elvis Costello en alguno de sus discos. En The Wall es también famoso el solo de guitarra final de «Comfortably Numb», compuesto por Gilmour y, para muchos, uno de los mejores de la historia.

El otro grupo más representativo de esta corrientes fue The Soft Machine y este que está sonando, su primer sencillo: “Love Makes Sweet Music”. The Soft Machine fue un grupo musical inglés de rock formado en 1966, y que durante su inestable e intensa carrera (con más de 15 miembros en poco más de una década) pasaron por la psicodelia y el rock progresivo para finalmente desembocar en el jazz fusión, siendo pioneros en los tres géneros.
Lo fundaron el guitarrista Daevid Allen, el teclista Mike Ratledge, el cantante y bajista Kevin Ayers y el cantante y bateria Robert Wyatt. Su nombre proviene de la novela de William Burroughs The Soft Machine (La Máquina Suave, 1961).
The Soft Machine tuvo varias etapas que las podríamos denominar según el líder de turno de la banda. Así, uno de los más importantes fue protagonizado por Ratledge y Hopper.
El repertorio en vivo fue cambiando, con nuevas composiciones de Ratledge y Hopper, mientras las piezas antiguas iban desapareciendo progresivamente. Ya nada quedaba de Wilde Flowers, de la época con Daevid Allen ni del primer disco. Al mismo tiempo, las partes cantadas por Wyatt también iban disminuyendo. En este momento se editó Third, LP doble que marcará un antes y un después para la banda..
Soft Machine – Moon in June

La ultima etapa de la banda estuvo liderada por Karl Jenkins. Si bien compuso casi la mitad de Six, el LP que lo confirmó como nuevo líder fue Seven (1974), donde hace su debut Roy Babbington como nuevo bajista. Seven tuvo buenas críticas en su momento.
En los siguientes tres años no habría álbumes de Soft Machine, excepto el primer recopilatorio, Triple Echo (1977), y el single de música disco «Soft Space» el mismo año. Sin embargo, en esta época habría varios proyectos paralelos. Y entre estos proyectos, cada vez más personales de sus miembros, llegó su disolución en 1.984.

 

Y como siempre nos preguntamos, que estaba pasando en España con este estilo de música?
La psicodelia, por definición, un sonido que replica las experiencias con setas mágicas, mezcalina o LSD no tenían cabida en la España de los 60, cuando el aislamiento cultural del régimen sirvió de barrera contra estas y otras influencias foráneas. Todos los grupos se veían obligados a enviar sus discos a la Dirección General de Radiodifusión y Televisión, que calificaba como «no radiables» aquellos títulos relacionados con el contacto físico, el mundo de la noche y, en general, que filtraran cualquier atisbo de vicio.
Las bandas psicodélicas que se oteaban en el horizonte anglosajón casi no consiguieron ser «radiables». Pero, en España, hay algunos tesoros enterrados. Smash, con su fusión de psicodelia y folclore andaluz, sí consiguió franquear al mismísimo Franco.

Si algo bueno ocurrió gracias a las bases militares de Rota, Morón o San Pablo, es que los americanos traían música. Vinilos de rock clandestinos, que caían en manos de aquellos jóvenes españoles con ganas de libertad. Jóvenes como Gualberto Garcia, guitarrista de Smash o Manuel Molina, guitarrista y cantante del mismo grupo y posterior Lole y Manuel.

 

 

 

Pero si hay una piedra angular del rock progresivo andaluz, tiene que ser Triana.

Triana se formó en 1974 en Sevilla por Jesús de la Rosa Luque, Eduardo Rodríguez Rodway y Juan José Palacios Tele. Con un estilo musical basado principalmente en el rock progresivo y una alta influencia del flamenco, se erigieron como una de las bandas más importantes e influyentes del rock español.
Sus tres primeros lanzamientos discográficos forman parte de los álbumes más alabados de la época de esplendor del rock progresivo español aunque su éxito y reconocimiento fue algo tardío. Especialmente con la publicación del sencillo «Tu frialdad» que llegaría a alcanzar el primer puesto en las listas de venta españolas.
El accidente de tráfico que sufrió Jesús de la Rosa en 1983 acabó con su vida y provocó la disolución de la banda.

 

 

 

Misma década de los 70, misma España gris, surge en Barcelona otra genial banda de rock psicodélico, con influencias acid-folk, Pan y Regaliz. Se atrevieron a cantar en inglés y consiguieron un sonido muy carismático, con influencias africanas. Su paso, desafortunadamente, fue breve. Su música era tan buena que llegaron a pincharla en varios pubs ingleses.
Pan y regaliz – Un día más

 

 

En mayo del 71, Granollers fue epicentro del primer Festival de Música Progresiva en España (y el primer festival al aire libre). Sus asistentes, la también primera generación de soñadores psicodélicos, jugaron por unas horas a ser libres.
Durante esas intensas noches de amor, paz, alucinógenos y buena música, tocaron Smash y Pan y Regaliz, junto a otras bandas como Máquina!, más jazzeros y eléctricos. Barcelona, habitualmente aventajada en creación artística, parió otro de los mejores sonidos del progresivo español.

 

 

 

 

Más allá de Andalucía y Cataluña, también hubo vida. Crack, asturianos haciendo también rock sinfónico en plena industrialización, sólo duraron un año. Sin embargo, Si todo hiciera crack es un disco épico, en todos los sentidos; una armonía preciosista de guitarras, teclado y flauta. A pesar de sus majestuosas composiciones, pasaron sin pena ni gloria por España, aunque sí recibieron alabanzas desde el extranjero. De este disco escuchamos Descenso en el Mahellstrong.

 

 

Pero el sinfónico más luminoso vino de las islas. Los Canarios, con Teddy Bautista (más tarde famosísimo presidente de la SGAE) al frente, también le dieron al progresivo con su joya Ciclos, una dimensión onírica de Las cuatro estaciones de Vivaldi. Por desgracia, es su único disco de este género, bellamente artificioso y con instrumentación electrónica potente. Las cuatro estaciones son sustituidas por las cuatro etapas del desarrollo humano: niñez, juventud, madurez y vejez. Escuchamos “la Primavera”, de Vivaldi.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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