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Nada más que música – Canción sudamericana – Chile

25 enero, 2019 - Música
Nada más que música – Canción sudamericana – Chile

Recordareis que hemos empezado un recorrido por la música tradicional sudamericana y que la semana pasada nos centramos en Argentina. Hoy lo haremos sobre Chile.
Todos, o casi todos, los artistas de la época sufrieron en sus carnes los rigores de unas dictaduras militares que masacraron a toda oposición y que, de manera especial, se cebaron con a las voces más críticas con sus desmanes. Una de estas víctimas fue Victor Jara.

 

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Víctor Jara nació el 28 de septiembre de 1932. Su lugar de nacimiento es controvertido por lo que nos limitaremos a decir, según sus propias palabras, que nació al sur de Chile, en la provincia de Ñuble.
Nació en el seno de una familia de padres campesinos y amantes del folclore. Por causa de las necesidades familiares, Víctor se vio obligado desde niño a ayudar a la familia en los trabajos del campo pero, Influenciado por su madre, tomó también contacto a temprana edad con la música, además de asistir al colegio.
Por consejo de un sacerdote, ingresó en el seminario de la Congregación del Santísimo Redentor, en San Bernardo, pero lo abandonó dos años después de su ingreso, al comprobar su falta de vocación.
Después de cumplir el servicio militar, ingresó en el coro de la Universidad de Chile, participando en el montaje de Carmina burana, comenzando en este momento su trabajo de investigación y recopilación folclórica. Con 24 años se unió a una compañía teatral, la Compañía de Mimos de Noisvander, e inició los estudios de actuación y dirección en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile.
En 1957, ingresó en el conjunto folclórico Cuncumén y conoció a la cantautora Violeta Parra. Y aquí empezó todo.

Aunque la canción “A desalambrar” es de Daniel Viglietti, en la voz de Víctor Jara adquiera una dimensión especial.
Entre 1966 y 1969, ejerció como director artístico del grupo Quilapayún y sin abandonar el teatro, en 1966 grabó su primer LP como solista, Víctor Jara, editado por la empresa discográfica Arena.
En 1969, con la canción «Plegaria a un labrador», ganó el primer premio en el que fue primer festival de la Nueva Canción Chilena, y viajó a Helsinki para participar en un acto mundial en protesta por la guerra de Vietnam.

En el año 1969 grabó un nuevo álbum titulado “Pongo en tus manos abiertas”. A este trabajo pertenece el tema «Preguntas por Puerto Montt», inspirado en la masacre de Pampa Irigoin (Puerto Montt), en la que murieron once personas (incluido un niño) durante la represión policial del gobierno de Eduardo Frei Montalva. En esa canción criticó duramente al ministro de Interior Edmundo Pérez Zújovic, el que, por cierto, el 8 de junio de 1971 sería asesinado por el grupo extremista Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP):
“Usted debe responder, señor Pérez Zújovic, por qué al pueblo indefenso, contestaron con fusil. Señor Pérez, su conciencia la enterró en un ataúd y no limpiará sus manos toda la lluvia del sur”.

Al asumir Salvador Allende la presidencia de Chile, Jara fue nombrado embajador cultural. En cumplimiento de este nombramiento, viajó a la Unión Soviética y a Cuba, y dirigió el homenaje a Pablo Neruda por la obtención del Premio Nobel.
Dentro de su compromiso social, participó en los trabajos de voluntarios para impedir la paralización del país causada por una huelga de camioneros.
Ese mismo compromiso lo llevará en 1973 a realizar diferentes actos a favor de los candidatos de la Unidad Popular durante la campaña electoral para las elecciones al parlamento y, respondiendo a un llamamiento de Neruda, colaboró como director y cantante en un ciclo de programas de televisión contra la guerra y el fascismo.
Su último concierto lo dio en el canal de televisión peruano Panamericana Televisión el 17 de julio de 1973.

El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, encabezado por el general Augusto Pinochet contra el presidente Salvador Allende, le sorprendió en la Universidad Técnica del Estado, donde fue detenido junto a otros profesores y alumnos. Lo llevaron al Estadio Chile, convertido en centro de internamiento por los militares (actualmente estadio Víctor Jara, lugar en el que hay una placa en su honor con su último poema), donde permaneció durante cuatro días. Lo torturaron durante horas (le realizaron quemaduras con cigarrillo, le rompieron los dedos, le cortaron la lengua y lo sometieron a simulacros de fusilamiento) y, finalmente, el 16 de septiembre lo acribillaron junto al director de la Empresa de Ferrocarriles del Estado. El cuerpo fue encontrado el día 19 del mismo mes por vecinos de la Población Santa Olga con 44 impactos de bala.
Durante su internamiento en el Estadio Chile escribió su último poema y testimonio «Somos cinco mil», también conocido como «Estadio Chile».

 

Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí
diez mil manos siembran
y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!

 

Quilapayun se formó en Santiago en el mes de julio de 1965 y tras realizar esporádicas presentaciones en peñas universitarias, integran como director artístico a Víctor Jara, con quien adoptarán el modo interpretativo y escénico que los volvería célebres junto a sus barbas y ponchos negros.
Después de dos discos en los que esbozaron su línea temática y musical, graban en 1968 el LP X Vietnam en el que adoptan el estilo que los volverá un paradigma de la canción popular revolucionaria. De este álbum es la canción “Qué dira el Santo Padre”

Su apoyo al gobierno de Allende tiene su punto máximo en la presentación en el Festival de Viña del Mar en febrero de 1973, en donde se genera un escándalo de tales proporciones entre sus partidarios y detractores que provocaron la suspensión de la primera etapa del certamen. Eduardo Carrasco, integrante de Quilapayún, señaló que antes de la presentación de la banda los opositores al gobierno de Allende “repartieron panfletos… que llamaban a cortarnos la cabeza”. La presentación de Quilapayún en la Quinta Vergara no fue transmitida por Televisión Nacional por orden directa de Gonzalo Bertrán, Director de la retransmisión, pero el país pudo escucharlo por las ondas de Radio Minería. Aunque el sonido es terrorífico, creo que merece la pena escuchar el escándalo que se formó antes y durante la actuación del grupo.

 

Durante la década de los 90 y debido a varios factores, la actividad del grupo se reduce considerablemente y editan solo dos discos nuevos y dos antologías en 15 años.
Es también precisamente, durante esta década, cuando comienza a gestarse una crisis interna, producto de diferencias de los integrantes del grupo respecto de la gestión de su líder Rodolfo Parada. Esto motiva la partida paulatina de los integrantes históricos del conjunto, llegando hasta el punto en que solo quedan dos, Gómez y Lagos, quienes deciden alejarse también del grupo dirigido por Parada e inician un proceso contra este, por apropiación indebida de la marca “Quilapayún” en Chile y en Francia. Es el principio del fin.
No obstante, y tras numerosas vicisitudes, el grupo que ha tenido 25 músicos, siguen en activo en la actualidad.
A lo largo de su carrera, Quilapayun versionó algunas canciones de las que se cantaban popularmente durante la guerra civil española. Este es un ejemplo, “Que la tortilla se vuelva”

 

 

Violeta del Carmen Parra Sandoval nació en San Fabián de Alico (Chile) el 4 de octubre de 1917. Hija del profesor de música Nicanor Parra Alarcón7 y de la campesina Rosa Clarisa Sandoval Navarrete, Violeta tuvo siete hermanos.
Violeta tuvo una infancia difícil a causa de padecer numerosas enfermedades. Y así, en su recuperaciones y junto a sus hermanos, aprendió a tocar la guitarra y a los 12 años compuso sus primeras canciones.
Violeta abandonó a escuela para trabajar en el campo y ayudar a su familia debido a que su padre enfermó gravemente. Los hijos de la familia lucharon por sobrevivir saliendo a cantar en restaurantes, posadas, circos, trenes, campos, pueblos, calles e incluso burdeles.
Los problemas económicos se agravaron cuando el padre falleció en 1931 y, al año siguiente, Violeta se fue a vivir a Santiago invitada por su hermano, el futuro antipoeta Nicanor Parra, que estudiaba allí. Retomó los estudios, para abandonarlos nuevamente para cantar en bares, quintas de recreo y pequeñas salas de barrio junto con su hermana Hilda, en un dúo de música folclórica llamado Las Hermanas Parra, con lo que conseguían unos ingresos extras.

En 1937 Violeta conoció a Luis Cereceda, empleado ferroviario de la Estación Yungay, con quien se casó un año después. Debido al carácter inquieto y lleno de distracciones de Violeta (cantaba en los barcos del puerto, se paseaba por las emisoras de radio buscando su oportunidad y , además, se había unido a un grupo de teatro, en fin, que tenía vida propia), el matrimonio se deshizo en 1948, pero antes, Cereceda, que militaba en el Partido Comunista, había iniciado a Violeta en la actividad política y ambos participaron ayudando en la campaña presidencial de Gabriel González Videla (1946).
No fue hasta el inicio de la década de 1950, cuando comenzó su extensa labor de recopilación de tradiciones musicales en diversos barrios de Santiago y por todo el país. En estas andanzas, conoció a diversos poetas, entre ellos a Pablo Neruda. Su hermano Nicanor la estimuló a asumir con personalidad propia la defensa de la auténtica música chilena, en contra de los estereotipos que hasta ese momento se manejaban. Es así como su repertorio —hasta entonces basado en boleros, corridos mexicanos y valses peruanos— pasa a las canciones más tradicionales del campo chileno, que le permiten descubrir los valores de la identidad nacional como ningún otro artista lo había hecho antes.
Esta labor de recopilación está plasmada en más de tres mil canciones, reunidas en el libro Cantos folclóricos chilenos y sus primeros discos en solitario, editados por EMI Odeon.

A partir de 1953 Violeta Parra disfrutó del éxito internacional, realizando numerosas incursiones por toda Europa pero, especialmente en París, en donde actuó en el Barrio Latino y dio recitales en el Teatro de las Naciones de la Unesco, en radio y televisión
Violeta Parra fue, además de folclorista, una artista completa, desarrollando una gran creatividad en campos tan dispares como la confección de arpilleras, esculturas de alambre y pinturas al óleo. En 1964 logró una marca histórica al convertirse en la primera latinoamericana en exponer individualmente en el Museo de Artes Decorativas del Palacio del Louvre, en una muestra titulada “Tapices de Violeta Parra”.
En este periodo, forjó una firme relación con el antropólogo y musicólogo suizo Gilbert Favre, el gran amor de su vida —con el que vivió en Ginebra, compartiendo su tiempo entre Francia y Suiza—, y destinatario de sus más importantes composiciones de amor y desamor: «Corazón maldito», «El gavilán, gavilán», «Qué he sacado con quererte», entre muchas otras.

También en esta época, surgieron sus textos más combativos: canciones como «Miren cómo sonríen», «Qué dirá el Santo Padre», «Arauco tiene una pena» y «Según el favor del viento» formaron la base de la corriente musical conocida como la Nueva Canción Chilena. Las canciones fueron recogidas en las numerosas ediciones de Canciones reencontradas en París.

En junio de 1965, Violeta regresó a Chile. A fines de ese año, en la comuna de La Reina, instaló una gran carpa con el plan de convertirla en un importante centro de cultura folclórica, junto con sus hijos Ángel e Isabel y los folcloristas Rolando Alarcón, Víctor Jara y Patricio Manns, entre otros. Pese a su sueño de convertir la carpa en un referente para la cultura de Chile, la respuesta no fue muy motivadora y el público no la apoyó.
El final de su relación con Gilbert Favre, quien se marchó a Bolivia en 1966 la dejó en un estado de ánimo muy vulnerable. Lo fue a ver a Bolivia y se lo encontró casado con otra mujer.
Tras algunos intentos fallidos, Violeta Parra se suicidó de un disparo en la cabeza a los 49 años en su carpa de La Reina a las 17:40 del 5 de febrero de 1967.
Resulta paradójico que la autora de «Gracias a la vida», un himno a la existencia, se suicidara un año después de escribirla. Algunos vemos en esta canción una despedida

 

 

 

 

Aunque se nos echa el tiempo encima, no quiero dejarme en el tintero un grupo de gran importancia en la época. Se trata de Inti Illimani.
Este grupo se fundó en 1967 por un grupo de estudiantes de la Universidad de Santiago de Chile. En 1973, mientras estaban de gira por Europa, el General Augusto Pinochet lideró un golpe de Estado contra el gobierno socialista del presidente Salvador Allende, dando así comienzo una dictadura militar de triste recuerdo. Estos hechos impidieron al grupo regresar a su país y eligieron como lugar de exilio Italia, desde donde apoyaron las campañas de solidaridad internacional por la recuperación de la democracia en Chile. En septiembre de 1988, al derogarse la prohibición de ingreso al país que pesaba sobre sus integrantes, regresaron a Chile, donde residen de manera permanente hasta el día de hoy.

 

 

 

 

 

 

 

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