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Las semillas del corazón – Orígenes de la lírica occidental – SAFO

11 enero, 2019 - Literatura, Poesía
Las semillas del corazón – Orígenes de la lírica occidental – SAFO

Suele considerarse que ese especial modo de expresión de sentimientos y emociones llamado poesía lírica constituye el origen de todas las literaturas. Íntimamente asociada al canto, se transmite de modo oral de generación en generación, modificándose, ampliándose, moldeándose en suma. Es de ese fondo común, oral y anónimo y que remite a los más remotos orígenes del proceso de humanización, de donde beben los primeros poetas, entendidos como tales aquellos que han dejado testimonio escrito –Literatura- de ese magma original, rescatándolo de ese modo del olvido.

Si nos centramos en esa particular forma de sentir y comprender el mundo que se conoce con el nombre de Occidente, el origen de la Literatura se halla en torno al siglo VII a. C. en Grecia, cuyo genio acuñará, precisamente, la denominación de “poesía lírica” para todas aquellas manifestaciones ancestrales del corazón humano. El estupendo desarrollo de la lírica griega (Safo, Anacreonte, Píndaro, Teócrito) creó el modelo de un género que iba a fascinar a Roma, heredera de la cultura helénica a partir aproximadamente del siglo III a. C. hasta su consumación en el 476 d.C. con las conocidas como invasiones bárbaras. Catulo, Propercio, Ovidio u Horacio son estupendos continuadores de la lira griega a la vez que nombres capitales en la formación de la lírica en Occidente. El canon lírico primigenio occidental tiene como tercera columna –junto a las de Grecia y Roma- la de la literatura hebrea recogida en el llamado, por la tradición cristiana posterior, Antiguo Testamento, resultado de un complejo proceso de redacción que se prolonga a lo largo de casi un milenio (entre los siglos IX a.C. y II a.C.). En ese conjunto misceláneo que es La Biblia (Libro de Libros) convive lo mítico-narrativo con lo sapiencial, lo profético o lo lírico. El Libro de los Salmos, el de El Cantar de los Cantares o el de Las Lamentaciones son ejemplos perfectos de esa cuerda hebrea que se halla en el origen de la lira occidental.

 

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SAFO: MEJOR, EL OLVIDO.

 

Escasos son los versos que se conservan de la poeta Safo (Mitilene, Lesbos, hacia 650/610 a.C. – Léucade, 580 a. C.). De hecho, el “Himno a Afrodita” es la única composición completa suya que conservamos. El resto de sus poemas no son sino fragmentos rescatados de manuales de retórica de siglos posteriores en donde aparecían como ejemplo de adecuada expresión. Esta parvedad no obsta para que a través de sus versos se sienta el latido de un corazón sensible y sensual, que expresa con sencillez las emociones del paso del tiempo o del deseo amoroso -soledad, esperanza, dicha, recuerdo- entendidas como superiores en nobleza a la otra gran fuente clásica de exaltación: la guerra. La lírica por encima de la épica. Lo íntimo por encima de lo público. El olvido por encima de la Historia.

 

 

 

 

CRÉDITOS:

  1. Himno a Afrodita – Voz: Chus Sanjuán
  2. Himno a Afrodita – Voz: Lola Orti
  3. Himno a Afrodita – Voz: María José Sampietro
  4. Himno a Afrodita – Voz: Elena Parra
  5. Himno a Afrodita – Voz: Chus Sanjuán
  6. Himno a Afrodita – Voz: Lola Orti
  7. Himno a Afrodita – Voz: María José Sampietro
  8. Himno a Afrodita – Voz: Lola Orti
  9. Himno a Afrodita – Voz: Elena Parra
  10. Himno a Afrodita – Voz: María José Sampietro
  11. Himno a Afrodita – Voz: Chus Sanjuan

 

MÚSICA:

 

 

TEXTOS:

1

Bajo tierra estarás,
nunca de ti,
muerta, memoria habrá
ni añoranza; que a ti
de este rosal
nada las Musas dan;
ignorada también,
tú marcharás
a esa infernal mansión,
y volando errarás,
siempre sin luz,
junto a los muertos tú.

2

De veras, quisiera morirme.
Al despedirse de mí llorando,
me musitó las siguientes palabras:
“Amada Safo, negra suerte la mía.
De verdad que me da mucha
pena tener que dejarte.” Y yo le respondí:
“Vete tranquila. Procura no olvidarte de mí,
porque bien sabes que yo siempre estaré a tu lado.
Y si no, quiero recordarte lo que tú olvidas:
cuantas horas felices hemos pasado juntas.
Han sido muchas las coronas de violetas,
de rosas, de flor de azafrán y de ramos de aneldo,
que junto a mí te ceñiste. Han sido muchos los
collares que colgaste de tu delicado cuello, tejidos
de flores fragantes por nuestras manos.
Han sido muchas las veces que derramaste
bálsamo de mirra y un ungüento regio sobre mi cabeza.”

3

Dicen que una tropa de carros unos,
otros que de infantes, de naves otros,
es lo más hermoso en la negra tierra
que uno ama.
Y es sencillo hacer que cualquiera entienda
esto, pues Helena, que aventajaba
en belleza a todos, a su marido,
alto en honores,
lo dejó y se fue por el mar a Troya,
y ni de su hija o sus propios padres
quiso ya acordarse, pues fue llevada
y esto me recuerda que mi Anactoria
no está presente,
de ella ver quisiera su andar amable
y la clara luz de su rostro antes
que a los carros lidios o a mil guerreros
llenos de armas.

4

HIMNO A AFRODITA

Inmortal Afrodita la del trono pintado
la hija de Zeus, tejedora de engaños, te lo ruego:
no a mí, no me sometas a penas ni angustias
el ánimo, diosa.
Pero acude aquí, si alguna vez en otro tiempo,
al escuchar de lejos de mi voz la llamada,
la has atendido y, dejando la áurea morada
paterna, viniste,
tras aprestar tu carro. Te conducían lindos
tus veloces gorriones sobre la tierra oscura.
Batiendo en raudo ritmo sus alas desde el cielo
cruzaron el éter,
y al instante llegaron. Y tú, oh feliz diosa,
mostrando tu sonrisa en el rostro inmortal,
me preguntabas qué de nuevo sufría y a qué
de nuevo te invocaba,
y qué con tanto empeño conseguir deseaba
en mi alocado corazón. ¿A quién, esta vez
voy a atraer, oh querida, a tu amor? ¿Quién ahora,
ay Safo, te agravia?
Pues si ahora te huye, pronto va a perseguirte;
si regalos no aceptaba, ahora va a darlos,
y si no te quería, en seguida va a amarte,
aunque ella resista.
Acúdeme también ahora, y líbrame ya
de mis terribles congojas, cúmpleme que logre
cuanto mi ánimo ansía, y sé en esta guerra
tú misma mi aliada.

5

Igual parece a los eternos Dioses.
Quien logra verse frente a Ti sentado:
¡Feliz si Goza tu Palabra Suave,
Suave tu risa!
A mí en el pecho el Corazón se oprime.
Sólo en mirarte: ni la voz acierta
De mi garganta a prorrumpir; y rota
Calla la lengua
Fuego Sutil dentro de mi cuerpo todo
Presto discurre: los inciertos ojos
Vagan sin Rumbo, los oídos hacen
Ronco Zumbido
Cúbrome toda de Sudor helado:
Pálida quedo cual marchita hierba
y ya sin Fuerzas, sin Aliento, Inerte
Parezco muerta.

6

Llegaste, hiciste bien -te buscaba con ansia-
refrescaste mi pecho que ardía de deseo.

7

Eros ha sacudido mis entrañas
como un viento abatiéndose en el monte
sobre las encinas.

8

Se ha ocultado la luna.
También las Pléyades.
Es la media noche y las horas se van deslizando,
y yo duermo sola.

9

Ven a mí desde Creta; ven al sacro
recinto donde un grato bosquecillo
de manzanos se eleva y en las aras
arde el incienso.
Canta aquí el agua fresca por las ramas
del manzanar; sombrean los rosales
el lugar todo y, al temblar las hojas,
sopor difunden.
Aquí florecen lirios en el prado
que apacienta corceles; los efieldos
exhalan (en la noche deleitable)
su hálito dulce.
Cíñete aquí las ínfulas, ¡oh, Cipris!,
y en las doradas copas tiernamente,
mezclado con delicias, el divino
néctar escancia.

10

(Cuando a la edad lleguéis que ahora yo tengo),
recordaréis (sin duda dulcemente)
(todo aquello que, siempre con) vosotras,
de joven hice.
(Fue) bueno y bello (cuanto allí) gozamos;
la ciudad (se llenó de nuestros) coros;
(de flores y perfumes rodeadas)
(amar supimos).

11

Que es igual a los dioses me parece
el hombre que a tu vera está sentado
y tu hablar dulce y risa silenciosa
oye de cerca;
ello hace que en mi pecho el corazón
se pare; porque, al verte solamente
un momento, la voz no me obedece
y se me traba
en silencio la lengua y un sutil
ardor corre debajo de mi piel,
no ven mis ojos, mis oídos zumban
y un sudor frío
mi cuerpo todo invade y un temblor
y me pongo más verde que la yerba
y creo enteramente que a morirme
voy en seguida.
Pero todo tendrás que soportarlo,
pues ha de ser así. (Siempre supiste),
(Safo, que al claro sol sucedería)
(la negra noche).

 

 

Un pensamiento sobre “Las semillas del corazón – Orígenes de la lírica occidental – SAFO

Fernando Alcaine

Bellísimo programa: una delicia el recitado, la ambientación, el ritmo.

EL AMOR ES UN GÉNERO LITERARIO

He pensado escribirte como si no existiera
aún el feminismo. Como si nuestro tiempo
no fuera el fin de siglo, ni nadie conociese
la igualdad de los sexos, ni causara extrañeza
oír que te dijera que el amor que yo siento
por ti jamás podrías sentirlo tú por nadie.
Tal vez el amor sea sólo literatura
que cambia con el tiempo. Supongo que nosotros
no amamos como Shakespeare, ni Shakespeare como Dante,
ni Dante como Safo, ni Safo como nadie.

Carlos Martínez Aguirre, La camarera del cine Doré (1997)

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